Jan 04 2010

La Taconuda de El Crucero

“Habían descendido unos 100 metros hacia una cañada dentro del cafetal cuando escucharon a muy pocos pasos un profundo quejido o gorgoteo que les erizó los pelos del cuerpo, saturándose el ambiente con un hedor azufroso que hirió sus narices. Calixto, más pálido que una hoja de papel, levantó su cutacha en cruz y empezó a rezar con fuerza para tomar valor, pues no podía dar ni un paso al engarrotarse sus pies por el miedo. Sin embargo, la voluntad que Dios les ha dado a sus hijos es grande, y el poder de la oración lo es más, y eso fue lo que impulsó al joven capataz para buscar a Félix, quien seguramente estaba siendo atacado por alguien.

Avanzó unos pasos hasta casi chocar con un bulto doblado por la mitad en una rama de Guapinol, quien resultó ser su amigo. El hombre gorgoteaba tratando de desprender de su cuello los afilados huesos de unas grandes manos que lo estaban estrangulando. Calixto alumbró a su amigo y a una sombra encima de Félix, ahogándolo. Al verse descubierta por los hombres y alumbrada en lo que parecía ser su cara, una horrorosa máscara de huesos, el espanto chilló como poseído y comenzó a halar al pobre hombre desde la rama en donde estaba hacia un hueco profundo que existía entre las retorcidas raíces de un Ceibón, en donde seguramente el ente se escondía entre las entrañas de la tierra.

Entre susurros se comentaba que el espanto de La Taconuda había desaparecido a muchos campesinos que se retrasaban dentro del cafetal…”

Fragmento tomado de “El rapto de la Taconuda”, artículo escrito por la señora Ninoska Chacón en END – Para leer la historia completa siga este enlace -

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Jan 02 2010

El cuento de la toma-tu-teta de los Cedros

Los cuentos son como una especie de enlace mágico que une generaciones tras generaciones. Es muy común en Nicaragua escuchar a las personas decir que entre los detalles que más recuerdan de su niñez, está la imagen del abuelito, abuelita, de la china (la nana), del vecino o la vecina mayor que contaba historias maravillosas que los hacía transportarse a un mundo misterioso y lleno de aventuras.

Carolina Sediles recuerda con inmenso cariño esos momentos en que de niña, su abuelo compartía historias con ella y su familia. “Fijate que mi abuelo se ponía a contarnos a todos los nietos historias y leyendas como la de la Llorona, el Cadejo y esas cosas, pero él no perdía oportunidad para echar a andar su imaginación, contando historias que él se inventó. Era el tiempo de la guerra, época en que nadie trabajaba y estábamos toda la familia, tíos, primos, hermanos, sobrinos, nietos, en fin todos en un solo lugar, un lugar fuera de la ciudad.

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Me imagino que para distraernos y para distraerse él, nos juntaba a todos los chavalos y nos contaba cuentos…que cuentos! y el cuento que pasó a la historia en nuestra familia fue éste: Es como una parodia de la Llorona. Se llama la Toma-tu-teta. Cuenta mi abuelo que había una mujer en Los Cedros (carretera vieja a León, donde viví por muchos años) que le habían robado a su hijo recién nacido. La mujer se volvió loca de la desesperación porque no encontraba a su chavalito y con eso de que las mujeres producen leche materna y se le agrandan los pechos a causa de la leche, pues la mujer entre el dolor de no encontrar a su hijo y el dolor de los pechos que era insoportable, se volvió loca. Lo único que hacía es que cada vez que miraba un chavalo, pensaba que era el suyo y andaba por la carretera llamando a las chavalitos y diciéndoles: “toma tu teta…toma tu teta…toma tu teta” con los grandes pechos de fuera y haciéndolos tomar la leche de sus pechos. Bueno la historia yo trato de contarla lo más decentemente posible, pero mi abuelo no reparaba en usar las palabras que normalmente usaría un nicaragüense mal hablado. El asunto es que esa historia era el último cuento de la tarde y sólo se levantaba y salía corriendo y diciendo, corran, corran que ahí viene la tomatuteta! y salíamos todos los chavalos en guinda para la casa.”

(Versión tomada directamente de Carolina Sediles y recogida por Martha Isabel Arana)

Este cuento tambien fue publicado en La Prensa Literaria.

Fotografía tomada en el Museo de Mitos y Leyendas de León.

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English Version:

This is the tale of the “Take-your-teat” from Los Cedros (The Oaks)

Tales are something like magic links that connect generations through generations. It is very popular here in Nicaragua to hear people saying that among all the details that they remember the most, they are from their childhood. They are the memories of the grandpa, the grandma, the nanny, the older neighbors, that would tell amazing stories that would make them travel to a mysterious worlds full of adventures.

Carolina Sediles remembers with great affection those moments as a little girl when her grandpa would share fables with her and the family. Let me tell you how my grandpa used to tell us tales about “the crying lady” (La Llorona), the evil dog and so forth. He wouldn’t miss any opportunity to use his imagination. He would tell us all kinds of stories that he came up with. It was war time. Nobody worked and all the family were together: the uncles, the cousins, brothers, nieces, nephews, grandchildren, everybody in one same place, outside the city.

I think that in order to entertain us or to entertain himself, he would gather all the children around him to tell stories. The tale that passed through history in our family is this: It’s like a parody of the “crying lady” and it was called “the take your teat”. Grandpa would tell us that there was a woman who lived in Los Cedros (The Oaks) in the old road to León where I used to lived for many years. Her new born baby was stolen from her. She got crazy of despair because she couldn’t find her little baby and since women produce milk when lactating and their breast get bigger because of the milk, well, between the pain of her breasts full with milk and the loss of her poor baby she lost her mind, she became demented. All she would do every time she saw a little kid on the street, was to think that, that was her lost baby and she would walk on the road calling them and saying “take your teat! take your teat! take your teat!”, with her big breast hanging out, making them drink from them. Well, I tried to tell the tale in a decent possible way, but my grandpa wouldn’t pay attention to the words he used, like a typically bad mannered Nicaraguan would use. The truth of the matter is that this tale would always be the last one of the evening and he would get up an run after us saying: “run, run because the take-your-teat is coming!” and would run as much as we could into the house.)

Translated by Francisco Jarquín


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Otra versión de esta leyenda, escrita y enviada a Nicaragua de mis Recuerdos por Patricia Salazar:

“Esta joven agraciada, hija de un acaudalado hacendado, era una joven con cabeza grande, una cara amarga como de pocos amigos, unos ojos saltones, una boca bastante pronunciada, una nariz larga y ancha y el cuerpo muy bien desarrollado como el de un hombre; brazos gruesos y musculosos, pelo largo y unas tetas extremadamente grandes. Con todas estas cualidades y a pesar de ser heredera única de la fortuna de sus padres, nunca pudo conseguir un pretendiente, por lo que valiéndose de su conformado cuerpo, salía a las calles y donde encontraba grupos de hombres, escogía al que mas le gustaba, lo agarraba y no lo soltaba y sacándose su hermoso cántaro de miel les decía: “Toma tu teta, toma tu teta, toma tu teta… hasta que les metía el enorme pezón en la boca y cuando ya quedaba satisfecha los soltaba. Cuentan que todavía a Don Pancho, Don Lencho y Pancracio hace poco se les apareció, ellos se quedaron estupefactos de tan impresionante figura, nos dijeron que dijéramos a todo joven que por las noches le gusta salir que no lo hagan, que cuando mire con todo y guaro la Toma teta te va salir.”

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Jan 01 2010

La Carretanagua tambien se aparece en Carazo

Jorge Araya Ramos, habitante de Las Marías (…) sostiene que a él mismo le salió en dos oportunidades la “Carreta Nagua”, “y no estoy mintiendo esto no es “Cuento de Lencho Catarrán” explicó el campesino.

Dijo que en dos oportunidades ha estado frente a frente con el “espanto”, pero que no le ha demostrado miedo, más bien lo amenazó con un machete “y así me he dado valor, aunque la primera vez que lo vi fui a parar a la casa de mi mamá con una gran calentura”, expresó Araya.

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Araya, dijo que ni licor toma, porque pueden pensar que andaba borracho, o algo que se parezca, “pero no, yo la vi”, se adelantó a responder el entrevistado.

Dijo que la visión del “espanto” ha sido en circunstancias similares cuando va a cuidar los frijolares, porque la robadera está en lo fino y entonces hay que cuidar la producción y la última vez que, según dice, vio la “Carreta Nagua”, fue hace quince días, aproximadamente.

Señala que los bueyes, eran calavéricos y que no pudo ver la cara de quien manejaba, pero “aunque no dejó de darme mi cosita ya me acostumbré”, dijo con cierta naturalidad el campesino.

Entre tanto, el mismo Araya, asegura que en el sector de Las Marías, la gente dice haber escuchado, lamentos y otras cosas, por eso dicen que en esos lugares asustan y ya varios periodistas han venido a ver qué es lo que pasa, indicó Araya, como para darnos seguridad que lo que dice es cierto.

Fragmento tomado de “Espantos en Carazo?” artículo escrito por Alberto Cano Esteban en END, 21 de septiembre, 1998

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Jan 01 2010

Los cipes de la Paz Centro

Los lugareños, del municipio de la Paz Centro y sus comarcas, creen en los“cipes”, muchachitos panzones con los pies al revés, y comedores de ceniza. Cuentan que en la hacienda “el Diamante” que perteneció al Dr. David Argüello, albacea de Rubén Darío y hoy perteneciente a la familia Reyes Icaza, donde está la planta geotérmica “Patricio Argüello Ryan”, aparecían estos muchachitos.

Dicen, que un mediodía, Panchito, de seis años, hijo menor del mandador de la hacienda, en compañía de unos amiguitos de la misma edad, se alejaron bastante de su casa. Pronto llegaron a un lugar donde había mucha ceniza, producto de madera quemada de días anteriores. Jugaban los niños con huleras, disparando a todo lo que se movía, cuando en eso aparecieron unos niños muy panzones que se juntaron en los juegos con Panchito y su grupo.

Eran los “cipes”, panzoncitos y con los pies al revés que pronto dejaron de jugar y se dedicaron a comer “ceniza”. Viendo esto, los otros niños se burlaban de los “cipes” y les echaban en cara lo que hacían. Los cipes no les hicieron mucho caso y siguieron comiendo ceniza.

Los niños de la hacienda notaron que éstos tenían los pies hacia atrás por lo que dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo creyendo que eran como los duendes que les harían perder el camino. Al regresar a la hacienda, los padres los reprendieron y les dijeron que si no obedecían les iba a pasar lo de esos niños, que por ser malcriados habían terminado siendo “ceniceros”.

A pesar de las diversas historias que han surgido en torno a los cipes, la más acertada es que son muchachitos de más o menos medio metro de altura, alegres y traviesos que habitan en el monte y que salen en pandilla por las noches para ingresar a las cocinas de las casas y comerse las cenizas que quedan en los fogones. Se dice que de tanto comerla parecen monitos cara blanca, las evidencias son visibles, pues, los trastes y las cenizas amanecen regados por todas partes.

También cuentan las historias que los niños que se pierden en la montaña son encontrados por los cipes, quienes lejos de dañarlos los cuidan de los peligros, los albergan en sus extrañas cuevas y los alimentan con frutas frescas. Se dice que es tan grande el cariño de estos seres que logran crear lazos afectivos con los pequeños antes de ayudarles a encontrar el camino de regreso a casa.

La palabra cipe viene del azteca tzipil, que se refiere a niños malhumorados o celosos por la llegada de un nuevo hermano o por la disminución de atención en el tiempo de lactancia materna.

Artículo publicado en El Nuevo Diario, Los Cipes Panzones, Abril 23, 2009

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Dec 18 2009

La Mocuana

A sudden loss of innocence fell on her, colder and heavier than the darkness that shrouded the cave. The collapse of the stones at the entrance still echoed in the shell of her soul, like bells trying to warn her of the great mistake she had committed in the name of love. She silently meditated about the unfortunate time she had met the handsome white conqueror with his pale blue eyes like the sky of Sébaco Valley. The newcomer with his hair so blond as the gold that drove her fate and had made her a simple object of pleasure.

The young indigenous woman had just been buried alive by the man she loved. She had been cruelly deceived by her lover who had persuaded her to trust him. She had told him the secret of where her father kept the treasure that belonged to this region esteliana. Generous, she had guided him to the coveted place and when he finally obtained the treasure, he left.

His father had warned her. Spaniards were greedy. The golden gifts that he had given them when they arrived were not enough. He had noticed it in their eyes when they first saw the bright metal. He knew that before they left, they wanted all the precious metals they could find. The Chief had also seen the lust in their eyes at the sight of young women in the region.

Now, in her confinement, the beautiful woman was not afraid of the darkness and silence. She had grown up running in the hills, enjoying the fresh water from rivers and playing in the mountains. Find a way out of the cave was not a difficult task. It was another form of oxygen that she needed. The man she loved had betrayed the trust of his father. Worst of all, she had lost the tender light of those eyes she loved so much and suspected that in her womb a new life has beginning to beat.

Legend says that the attitude of her lover and her guilt caused her to lose her mind. Other versions of this story claim that it was her father who locked her on the mountain, condemning her to eternal punishment despite knowing of her pregnancy. Whatever the situation was, from that moment on, the beautiful girl became the infamous Mocuana Witch, a horrible apparition feared throughout the region. It is rumored that she lures men who travel the roads and invites them to follow her to the cave. They are attracted by her long black hair and beautiful body and cannot decline the invitation. Others say that Mocuana steals and kills babies, and as payment for her crime she leaves the child’s parents a few nuggets of gold as a macabre souvenir of her misfortune.

Written by Martha Isabel Arana

La Mocuana – Spanish

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