Archive for May, 2007

May 30 2007

Nuestras leyendas… in English?

Published by Isa under Varios

Desde hace un par de meses vengo recibiendo el mismo mensaje de varias fuentes. La inquietud es la misma…¿Porqué no traducís las leyendas al inglés?

Siendo el español mi idioma materno, traducir leyendas es todo un reto, ya que la idea es transmitir la sensación de misterio, miedo o inocencia que todo esto conlleva.

Sin embargo, me doy cuenta de la importancia de todo este trabajo. Primero, porque hay mucha gente interesada en nuestra cultura que no habla español. Segundo, porque muchos hijos de inmigrantes nicas quieren conocer un poco más de nuestras raíces, pero no dominan el idioma lo suficientemente bien para entender las historias.

Así que de ahora en adelante, voy a tratar de traducir al inglés alguna que otra leyenda de vez en cuando, que podrá ser leída en la categoría especial A Nicaraguan folktale… a ver que resulta de todo esto…

Slideshow: Museo de Mitos y Leyendas, León, Nicaragua.

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May 23 2007

Cuentos de nuestra Costa Atlántica

Los duhindu de Kambla
(cuento miskito)

“Hace muchos años, cuando en Kambla todavía no vivía mucha gente y todavía no sabían nada de plantas medicinales y no existían curanderos y sukias, vivían allí muchos duhindu (duendes). Ellos vivían en el monte, apartados de las casas de las personas. Sólo de noche salían haciendo bulla y chiflando para llamar a la gente. Cuando había bastante luna, se les miraba entre los árboles como hombrecitos pequeños. De vez en cuando agarraban un caballo para montarlo. No lo dejaban descansar ni un minuto y al día siguiente lo encontraron muerto.

Un día desapareció un joven de la comunidad. La madre lo buscó en todos lados pero no pudo encontrarlo. Lloró, preguntó a todos si no lo habían visto, pero nadie sabía algo del joven. Después de 15 días apareció milagrosamente de nuevo, pero había cambiado bastante. Estaba delgado y pálido, no quería ni comer ni hablar. Estaba como enfermo. No existían todavía los curanderos, así que no sabían qué remedio darle para curarlo.

Con el tiempo se dieron cuenta que los duhindu tenían algo que ver en ese asunto. Uno de ellos llegó una noche y chiflando llamó al joven. Con la fuerza lograron que no saliera de la casa para que el duhindu no se lo pudiera llevar de nuevo. Pasaron los años y la gente de las comunidades aprendió a utilizar el poder de las plantas, a curar enfermos y hacer remedios.

Así lograron liberar al joven del poder del duhindu. Con el apoyo de los curanderos y con rituales limpiaron toda la comunidad de Kambla y todos los duendes se fueron de ese lugar. Hoy en día casi ya no hay duendes en Kambla. Solamente en un crique pequeño que queda detrás de la comunidad se escuchan a veces chiflidos de un duhindu que todavía anda por allí.”

Florencia Hernández (Kambia, 26/6197) (recopilado por Christían Schnar)

El cuento anterior es uno de las tantas historias nicaragüenses que pueden ser leídas en el sitio de don Eduardo Manfut, una de las páginas más completas referentes a Nicaragua, y cuyo trabajo y dedicación admiro desde hace algunos años.

“Paisaje de la Costa Atlántica” – Cuadro de Rosa Delia Lopez, artista primitivista nicaragüense.

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May 21 2007

El Cadejo de Campo Bruce

El nunca lo vio, pero me asegura Denys Rocha que en sus tiempos de adolescente decían que en el Barrio Campo Bruce de Managua, aparecía el Cadejo.

“El Cadejo era un perro grande, que la mitología indígena le había adjudicado colores para representar el bien y el mal.  Cuando vivíamos en el Barrio Campo Bruce, que para ese entonces era un sector boscoso, lleno de potreros porque todavía no había sido lotificado completamente, la recomendación de mi madre era que llegara temprano a la casa porque me podía topar con el Cadejo Negro, el cual decía la gente, patrullaba las calles del sector a altas horas de la noche y atacaba a los trasnochadores que encontraba a su paso. Pero podía suceder también que el noctámbulo en vez de encontrar al Cadejo Negro, se topara con el Cadejo Blanco que era el bueno, porque no atacaba a la persona y más bien la escoltaba hasta su casa para que llegara sana y salva. Algunas personas que traficaban de noche por el barrio, juraban haber sido escoltadas por el Cadejo Blanco cuando alguna vez se lo encontraron, otras aseguraban haber sido seguidas por el Cadejo Negro, pero la oportuna aparición del blanco lo había ahuyentado.”

(Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana)

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May 21 2007

Leyendas de Playa el Coco

Denis Calderón guarda en sus archivos la famosa historia del pirata Morgan, que se supone ocurrió en la Playa El Coco, donde se encuentra enterrado el famoso tesoro. ‘Una gigantesca cadena de oro y un tesoro están enterrados en la Playa el Coco, a 20 minutos al Sur de San Juan, esperando al valiente que se atreva a retar al demonio y cumplir el ritual para sacarlo’, narra el comienzo de la leyenda del tesoro del pirata Morgan, que ha sido recopilada por Calderón.

Cuenta la historia que nadie sabe con certeza la fecha que Morgan ‘asedió, asaltó y hundió un galeón español’ y que posterior a eso, cuando encontró el tesoro, supuestamente este pirata lo enterró en la Playa el Coco, pues otros lo asediaban. Se supone que luego lo recuperaría. Se dice que durante 300 años el tesoro ha permanecido escondido a la espera de su rescate ‘pero una fuerza misteriosa que se manifiesta en olas repentinas y la petición diabólica de dar un hijo a cambio del tesoro, ha disuadido a muchos que han pretendido tenerlo’, cuenta la historia. También se dice que la única posibilidad de encontrar el tesoro exige que el número de buscadores sea impar, ‘pues de lo contrario no podrían hallar jamás la entrada a la bóveda donde está el tesoro’.

Otra de las leyendas, cuenta de la existencia de una gigantesca cadena de oro que aseguran se encuentra enterrada en el estero de la Playa del Coco y ‘que sólo es visible en el mes de octubre, cuando las lluvias torrenciales la dejan al desnudo. “

O. Valenzuela/Fuente: www.laprensa.com.ni -29 de diciembre, 2002

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May 21 2007

Los cuentos de Don Mariano

Un caballo cadenero y una vaca cachona es lo que asegura don Mariano Escorcia Pineda vio en su juventud, durante alguna noche fresca en las décadas pasadas de San Ramón, pueblecito al norte del departamento de Matagalpa.


Don Mariano nació en 1927 e insiste que tiene edad suficiente para conocer algo de lo que usted quiera saber. …“A mí me contaban que en San Ramón, después que todo el mundo cerraba sus puertas y apagaban sus candiles, se escuchaba en la calle principal el relincho de un caballo que al galopar arrastraba unas cadenas, la gente valiente se asomaba y no miraba nada…En cierta ocasión que alquilé una casa sobre esta calle, en tiempos de la primera ‘Reina’, yo lo comprobé. Una noche oí que ese caballo se metía en mi solar, escuché como que se sacudían las cadenas cuando le quitaban la albarda… pero cuando me asomé no había nada… Era un fenómeno invisible, sólo se oía el resoplido del caballo y el sonar de las cadenas al ser arrastradas.

¿Y qué me dirá de esta otra? Yo tenía una mi novia aquí y venía a verla desde una finca que teníamos en Guadalupe, a unos siete u ocho kilómetros de San Ramón. Resulta que una vez iba para la finca como a las doce de la noche montado en mi bestia. Pero en un lugar que le dicen La Cascajera me sale una vaca, una vaca enorme de tamaño pero más enorme de cachos, cada cacho tenía aproximadamente un metro. Yo vi rara a la vaca porque me miraba con odio, entonces con la rienda la amenacé y vi que ella cabeceaba para embestirme, saqué mi pistola y le iba a pegar un balazo, pero reflexioné: ‘Hombre —dije—, puede ser que esta vaca tenga dueño.’ Vengo y busco como pegarle otro cohetazo y la vaca se va, brinca un potrero y desaparece, pero más allá, como a medio kilómetro me aparece otra vez. Platicando después con unos señores de la misma Guadalupe me dijeron: ´Hombré, es cierto, si esa vaca a mí también me salió, yo vi también esa vaca, es cachona y así, así y asá.”

Relato de D. Mariano Escorcia es un fragmento de “Los cuentos de don Mariano y el incrédulo de don Beto” escrito por Mario Fulvio Espinosa

La Prensa, 19 de octubre del 2003

Foto: Finca Esperanza Verde

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