Oct 30 2009
Hay que bautizar al niño… ¡sino se lo lleva el duende!
En los pueblos de Nicaragua el tema de los duendes es bastante común. Desde que somos pequeños escuchamos historias de muchachas que han sido acosadas por algún duende enamorado, o duendes traviesos que aparecen en los montes y veredas asustando a los campesinos o confundiéndoles el camino. Entre las cosas que se comenta, se dice también que a los niños se les debe bautizar sin demora, si es posible en cuanto nacen, ya que los tiernos que no son bautizados, son presa fácil de estos malos espíritus que vistiendo cotoncitas rojas, caminan en fila india con sus plantas del pie volteadas llevando “a tuto” a la criatura.
Milagros Palma comenta en Senderos Míticos de Nicaragua algunas de estas creencias:
“En Monimbó se dice que nunca hay que dejar a un niño solo, porque los duendes se lo llevan a la montaña para volverlos como ellos si no ha sido bautizados. En muchos lugares se oye decir que los duendes pierden en las montañas a los niños sin bautizar…Sólo los pequeños y los mudos ven a esos espíritus y entonces lloran de una manera extraña.
En Chontales, entre las fincas ganaderas los campesinos le temen mucho a los duendes. De aquella región es Bricelda que pasó toda su infancia en uno de esos grandes dominios. Ella conoce anécdotas de verdaderos encuentros que su papá y su madrina tuvieron con los duendes. Estas son sus propias palabras: ‘Cuando yo estaba tierna mi abuelita me cuidaba porque decían que a los niños sin bautizar se los llevaban los duendes. Ellos se los sacaban de su propia casa al menor descuido de la mamá’.” (Tomado de Los Duendes, Editorial Nueva América, Bogotá, 1987)
Según un artículo publicado en El Nuevo Diario (Enero 15, 2009) y tomado de Manfut.org:
“Se les describe como seres traviesos, astutos, de agilidad prodigiosa, burlones y de inteligencia superior. Aparentemente, con sus actos y hechos sencillos, son inofensivos. Pero una cosa es oír relatar las travesuras y jugarretas de los duendes y otra, es ser victima o blanco de su puntería, tema o tirria.
Su hora de salida es entre las ocho y nueve de la mañana de cualquier día. Se dice que los duendes son invisibles para los ojos de los adultos, sólo los niños pequeños y los mudos los ven y del miedo se ponen a llorar.
Por eso las personas advierten nunca dejar a un niño solo porque los duendes se lo roban, se lo llevan a la montaña y lo convierten en duende si no ha sido bautizado, aunque también se piensa que los duendes se llevan a los niños ya bautizados para perderlos en las montañas.
Físicamente los duendes son como del tamaño de un niño de cinco años, pero con cara de viejos. Son morenos, “aindiados”, de pelo corto y liso.
A ellos también les gustan las muchachas jóvenes sin casarse a quienes incluso las invitan a que se queden a vivir con ellos.”






