Archive for the 'Cuentos y leyendas de Managua, Carazo y Jinotega' Category

May 21 2007

Los misterios de la Reserva El Chocoyero-El Brujo


El Salto de agua “El Chocoyero” debe su nombre a los cientos de chocoyos (forma en que los nicas llamamos a los pericos o loros verdes) que a diario visitan bulliciosamente este lugar en las mañanitas o al caer la tarde.

Según la página nicaragüense Xolo.com, el otro salto, “El Brujo” debe su nombre “a una leyenda popular que le atribuía propiedades encantadas al lugar, ya que el agua que se precipita por el salto, al llegar al suelo, no forma un caudal sino que desaparece sobre la superficie. Si bien es claro que el caudal se vuelve subterráneo, para nuestros antepasados este hecho era algo inexplicable, y pensando más bien que el lugar estaba embrujado fueron así dando origen a la leyenda y el nombre con que quedó bautizado el salto.”

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May 20 2007

La Carreta Nagua de la Calle Candelaria

La Carreta Nagua es una de nuestras tantas leyendas que por generaciones ha perturbado el sueño de nosotros los nicas, desde que tenemos uso de razón. He escuchado diferentes versiones acerca de su origen, pero en lo que todas coinciden, es que la carreta de nuestra historia está embrujada, es ruidosa, tenebrosa y recorre las calles de los pueblos de mi tierra aprovechando las sombras de la noche.

“La carreta Nagua se desplaza sola, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada” me relata Don Denis Rocha. “La leyenda de la carreta Nagua fue traída por aquellos que vinieron de México cuando poblaron las tierras de Nicaragua. Se trata de una carreta que se desplaza sola, sin boyero, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada. La leyenda con el tiempo paso a ser parte del folclore nicaragüense.

La primera vez que oí hablar sobre la Carreta Nagua fue cuando vivíamos en la Calle Candelaria, una de las pocas calles pavimentadas de la vieja Managua. “Si no te volvés a dormir” me dijo mi madre sentenciándome, “voy a abrir la puerta para que te lleve la Carreta Nagua.” Era de madrugada, la claridad estaba todavía muy tenue para poder distinguir los objetos. De repente oí un ruido extraño que venía de la calle, parecido al golpeteo de una rueda que da contra el pavimento. El sonido convenció a mi mente infantil que efectivamente en ese momento estaba pasando el mencionado armatoste fantasmagórico que transportaba a los niños mal portados. La treta que usó mi madre para amedrentarme dio el resultado esperado, pues a partir de ese momento ya no volví a molestar y me eché a dormir. Desde esa fecha el incidente quedó grabado para siempre en mi subconsciente. “

Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana

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May 20 2007

Los misteriosos borrachos de El Crucero

Agradezco a un amigo del El Crucero quien amablemente me ha envidado una historia de esta zona, municipio del departamento de Managua, famosa entre otras cosas, por sus espantos y sus casas embrujadas. Aquí su relato:

“Yo soy de El Crucero o mejor dicho despues del terremoto mi familia tenía una casa allí, y me crié en dicho lugar. En el año 1984 tenía una novia en la zona central del pueblo, y acostumbraba a caminar kilómetro y medio diario, que al regreso a mi casa, me daban las diez, once de la noche, y los fines de semana me quedaba hasta las 4 de la mañana, porque hacían fiestas. En una de esas, un sábado, de por si el lugar es neblinoso por la altura, como a las 3 de la mañana, me encontré de frente como de largo de 20 metros, unas personas que venían, eran como cinco. Inmediatamente pensé en ladrones o pandilleros, pero eran unos borrachos, que venían cargando a uno de ellos. Me pasaron y después venían unos perritos negros caminando trás de ellos. Eran dos perritos del mismo tamaño, y cuando me pasaron, volví a ver atrás, y no había nadie. Me regresé corriendo para buscarlos a ellos y los perros y nada, se desaparecieron. Ahí fue cuando me dio miedo y corrí para mi casa que me faltaba ya poca distancia, para amanecer con fiebre al día siguiente.

Al año siguiente, salí para Estados Unidos. Estuve 16 años sin regresar a mi país. Cuando logré arreglar mi estadía migratoria, lógico regresé. Un día manejando, de Managua, la capital, hacia donde yo vivía, El Crucero, a mitad del camino en plena montaña, hay una quinta, o casa de montaña, llamada Quinta Angélica, muy famosa por fenómenos que se presentan en ella. Está a la orilla de la carretera. Pues venía sólo en el carro, y como de costumbre, siempre neblinoso el lugar, venía a una velocidad alta, y de pronto se presentaron cuatro tipos como borrachos, cargando a uno en hombros y detrás unos 2 perritos negros, caminando paralelamente. Eran las personas y los perros del año 1984. Volví a ver, pero esta vez no paré, sólo vi por el espejo retrovisor, y no vi nada. En ese momento sentí como si alguien estuviera montado en el carro. Lógico, como tuve mucho miedo, para relajarme puse el radio, y estaban haciendo propaganda a un ron, el cual se oían voces de personas borrachas y al final unos perros ladrando. De verdad que nunca había oído un comercial tan raro. Terminando el comercial se desintonizó la señal y sentí algo normal. La sensación se había ido. Seguido de esto si recé un padre nuestro. Pero si les digo señores, en esa zona de managua al El Crucero pasa algo, hay muchas historias, pero esta me sucedió a mí y no es cuento.”

Son varias las personas que conozco que me cuentan que al pasar cerca de la Quinta Angélica, especialmente cuando hay mucha neblina en la carretera, han sentido de súbito una presencia maligna en sus carros, provocando temor y ansiedad el cruzar esa zona.

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May 20 2007

Adiós mi lagunita ¡si pudiera llevarte!

“Algunos años antes de la Conquista de América, regía una parte del territorio de Cuscatlán (El Salvador) un Cacique que tenía una hija, princesa a la vez. Por aquellos tiempos viajaban de norte a sur caravanas de tribus entre México y Centroamérica. Un día, por los dominios del Cacique pasó un indio con trazas de mercader, pero de noble aspecto. Llevaba ricas telas y presentes, y fue recibido cordialmente por el Cacique cuzcatleco.

 Venía —según decía el viajero— de las posesiones de su padre, en el Reino de Quiché. Una sola vez se miraron el forastero y la hija del Cacique y quedaron prendados uno del otro. Aquella misma noche el galán la requirió de amores y comenzaron a charlar íntimamente: ‘Mi región -dijo él - está más allá de las montañas… Mi padre estará contento de que te lleve conmigo.’ Ella, embelesada, le escuchaba atentamente, había nacido entre ellos un amor a primera vista. Él insistió en su propuesta: ‘¿Qué me dices? ¿Quieres irte conmigo a las posesiones de mi padre?’ ‘Sí, pero habrá de ser de noche… Sin que mi padre se dé cuenta. No daría su permiso’. Siguió la pareja haciendo los planes de la fuga. No cabía duda, había surgido un amor impetuoso capaz de vencer todos los obstáculos. Una vez más se escuchó la voz apasionada del indio, al decir: ‘Estoy dispuesto a todo… Pero no, conozco más que un camino… Los hombres de tu padre nos encontrarían…’ De pronto ella se acordó de algo y dijo: ‘Yo conozco otro… bordeando la laguna… habrá de ser hoy mismo… Tienes que esperarme aquí… apenas aparezca la luna yo vendré a este sitio… nadie debe saber nada’. Él reaccionó apasionadamente ante la decisión terminante de la amada: ‘Estaré esperando cada momento y mis ojos estarán fijos en la distancia hasta que se disipen las sombras de la noche. Te quiero Xincalt’ y la estrechó fuertemente contra su pecho. Ambos corazones latieron desenfrenadamente al influjo del amor, alentados por aquella pasión desbordante que lo inundaba todo. Ella con una voz, que más que voz parecía caricia, aproximándose muy cerca de los labios del joven indio, le dijo: ‘Te quiero Nahoa, te quiero, ya pronto aparecerá la luna y la gran estrella de plata será testigo de nuestro amor, de nuestro gran amor. Sin embargo, tengo miedo.’ Como para alentarla, él musitó calladamente: ‘Nuestro amor es más poderoso que todos los poderes del mundo, ¿a quién temes?’ Contestó ella - ‘A mi padre.’


 Consciente de que lo que ella decía era una realidad, él quiso poner un poco de optimismo, cuando le dijo: ‘Su violencia puede ser momentánea, amada mía, después nuestra felicidad será su propia felicidad. Mi princesa, confía en lo mucho que te amo, lo demás no debe preocuparnos… Y ahora, hasta dentro de un momento, amada mía.’ Pasó el tiempo, y por fin la estrella de plata comenzó a ascender. La luna empezaba a bañar con su brillante luz plateada el extenso valle y la pareja emprendió la marcha furtivamente, silenciosamente, con una sola idea, con una sola convicción: se amaban. Atravesaban el sendero a orillas de la laguna y la princesa se detuvo un momento para contemplar la serena belleza de las aguas; su adorada laguna de los días de la infancia… y no pudo contener un sollozo. ‘Adiós mi lagunita… si pudiera llevarte…’ Él le tomó suavemente con sus manos el rostro amado, lo levantó un poco y notó cómo dos lágrimas, que como perlas cristalinas se resbalaban por las mejillas: ‘¿Lloras? ¿Lloras mi pequeña Xincalt?’- ‘Lloro por mi laguna… Tengo que dejarla…’ ‘Xincalt, si tú quieres, podemos llevar la laguna.’ La alegría iluminó su rostro y con voz que sonaba a felicidad, le dijo: ‘Si puedes hacerlo, hazlo, te lo ruego - No quisiera dejar mi laguna querida, quiero que marche conmigo, que siga siendo testigo de nuestro amor.’

El Nahoa llamó a sus servidores y desde la orilla de la laguna recitó misterioso dialecto: ‘Sacutelt… Amíntale… Uyre… Xincalt coguatila… Marute… Epitoy caguatelt…’ A medida que el mancebo pronunciaba sus palabras, las aguas se iban encrespando, bajo los conjuros las aguas se estremecieron e iban bajando. La laguna quedó convertida en un charquito que el brujo cogió en el cascarón de un huevo de guajolote o pavo montés, el cual llevó consigo en su viaje. Atravesaron ríos y montañas, tierras xincas, lencas, choltecas, matagalpas, nagrandanas y pipiles, hasta alcanzar Imabite, a orillas del Lago Xolotlán (Managua) De Imabite se adelantó un mensajero hacia las sierras del oriente, lo que hoy es Tiscapa, anunciando la llegada de aquel gran joven Cacique. Se ordenó el convite para recibirlo y el jefe, su padre, le recibió como merecía por su bravura y coraje.

Como especial presente el joven traía a su padre aquella sorpresa: ‘Padre mío: Te traigo conmigo a la Princesa Xincalt… y en este cascarón, la bella laguna que ella quiso traer…’ El Cacique al tomar el cascarón se le cayó de las manos, rodando por precipicio, hasta llegar al cráter de un volcán extinguido que inmediatamente se llenó de agua, para formar la Laguna de Tiscapa, la Laguna Robada por los brujos de Managua.”

Fragmento tomado de “Managua en el Folclor”por Julio León Báez/La Prensa Literaria,13 de diciembre de 2002.Fotos: Laguna de Tiscapa, una de las lagunas situadas en la capital Managua/Gluesenkamp/pbase

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