Archive for the 'Cuentos y leyendas de Managua, Carazo y Jinotega' Category

Dec 14 2007

La Taconuda

El municipio de El Crucero en Managua no sólo es conocido por su clima favorable, su cerámica y por ser una de las zonas cafetaleras más importantes de Nicaragua, sino también por las historias que nacen de las narraciones y vivencias de sus pobladores. Además de sus ceguas, brujas y sus misteriosas casas embrujadas, esta zona es famosa porque alberga uno de los espantos más famosos y temidos del lugar: La Taconuda.Según Ninoska Chacón, este espíritu maligno que bien podría ser protagonista de cualquier libro de terror, es un “remedo huesoso, hediondo y escalofriante de una mujer de quien se decía que 150 años atrás había muerto trágicamente a manos de un familiar y que desde entonces aterroriza a los cortadores de café”. Por otro lado, Eduardo Manfut nos cuenta que La Taconuda “es una mujer de 7 pies de estatura, joven, pelo largo que le llega hasta la pantorrilla, delgada, zapatos de tacón altos y curvos, de cara seca, de ojos hondos labios pronunciados pintados y risueños, chalina negra, bustos respingados, vestido blanco con un fajín de plata y hebilla cuadrada grande y un cintillo dorado en el pelo…cuando pasaba dejaba un gran aroma de perfume y por eso la identificaban, pero no a todo hombre se llevaba.”Esta espantosa aparición con cuerpo de mujer, se aparece entre los cafetales nicaragüenses aprovechando las sombras de las noches frescas de esta región. No se sabe con exactitud como luce, lo único que es comentado con acierto, es el terror que provoca a quienes tienen el infortunio de ser los elegidos por ella. Tras escuchar su risa macabra entre los cafetales, algún hombre o capataz de alguna finca desaparece misteriosamente, y a la mañana siguiente amanece como atontado o dundo, mudo completamente, desnudo o peor aún, muerto con una mueca de terror clavada en su mirada perdida.

Foto: GuardianUnlimited

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May 23 2007

Aquellos tiempones

Tema dedicado a mi amigo Pedrito el Malo, cuya narrativa logra hacerme olvidar que estoy frente a una pantalla y me anima a perderme entre sus recuerdos y vivencias:

“Esta era una madrugada diferente de todas las anteriores hasta donde nos era posible recordar. El viento no soplaba, los pájaros no cantaban y no se escuchaba el habitual canto mañanero de los gallos que a lo mejor a esta hora estarían cantándole las mañanitas a Caifás. Nos despertamos a un mundo sin ruidos, apabullante, y nos entró temor.—Va a haber terremoto —sentenció Mincho, serio. El pueta no tenía que recurrir a sus artes adivinatorias para decir esto, pues desde el terremoto que acabó con Managua en 1972, que fue precedido por una ola de calor intenso y una enorme quietud, todo el mundo en Nicaragua asocia el calor y la quietud con los temblores de tierra.”

Más de su historia en Aquellos Tiempones - ¡Vale la pena!

(No te olvidés PEM que tenés a más de un lector esperando- Seguí adelante que yo siento algo bueno…)

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May 21 2007

El Cadejo de Campo Bruce

El nunca lo vio, pero me asegura Denys Rocha que en sus tiempos de adolescente decían que en el Barrio Campo Bruce de Managua, aparecía el Cadejo.

“El Cadejo era un perro grande, que la mitología indígena le había adjudicado colores para representar el bien y el mal.  Cuando vivíamos en el Barrio Campo Bruce, que para ese entonces era un sector boscoso, lleno de potreros porque todavía no había sido lotificado completamente, la recomendación de mi madre era que llegara temprano a la casa porque me podía topar con el Cadejo Negro, el cual decía la gente, patrullaba las calles del sector a altas horas de la noche y atacaba a los trasnochadores que encontraba a su paso. Pero podía suceder también que el noctámbulo en vez de encontrar al Cadejo Negro, se topara con el Cadejo Blanco que era el bueno, porque no atacaba a la persona y más bien la escoltaba hasta su casa para que llegara sana y salva. Algunas personas que traficaban de noche por el barrio, juraban haber sido escoltadas por el Cadejo Blanco cuando alguna vez se lo encontraron, otras aseguraban haber sido seguidas por el Cadejo Negro, pero la oportuna aparición del blanco lo había ahuyentado.”

(Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana)

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May 21 2007

Los misterios de la Reserva El Chocoyero-El Brujo


El Salto de agua “El Chocoyero” debe su nombre a los cientos de chocoyos (forma en que los nicas llamamos a los pericos o loros verdes) que a diario visitan bulliciosamente este lugar en las mañanitas o al caer la tarde.

Según la página nicaragüense Xolo.com, el otro salto, “El Brujo” debe su nombre “a una leyenda popular que le atribuía propiedades encantadas al lugar, ya que el agua que se precipita por el salto, al llegar al suelo, no forma un caudal sino que desaparece sobre la superficie. Si bien es claro que el caudal se vuelve subterráneo, para nuestros antepasados este hecho era algo inexplicable, y pensando más bien que el lugar estaba embrujado fueron así dando origen a la leyenda y el nombre con que quedó bautizado el salto.”

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May 20 2007

La Carreta Nagua de la Calle Candelaria

La Carreta Nagua es una de nuestras tantas leyendas que por generaciones ha perturbado el sueño de nosotros los nicas, desde que tenemos uso de razón. He escuchado diferentes versiones acerca de su origen, pero en lo que todas coinciden, es que la carreta de nuestra historia está embrujada, es ruidosa, tenebrosa y recorre las calles de los pueblos de mi tierra aprovechando las sombras de la noche.

“La carreta Nagua se desplaza sola, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada” me relata Don Denis Rocha. “La leyenda de la carreta Nagua fue traída por aquellos que vinieron de México cuando poblaron las tierras de Nicaragua. Se trata de una carreta que se desplaza sola, sin boyero, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada. La leyenda con el tiempo paso a ser parte del folclore nicaragüense.

La primera vez que oí hablar sobre la Carreta Nagua fue cuando vivíamos en la Calle Candelaria, una de las pocas calles pavimentadas de la vieja Managua. “Si no te volvés a dormir” me dijo mi madre sentenciándome, “voy a abrir la puerta para que te lleve la Carreta Nagua.” Era de madrugada, la claridad estaba todavía muy tenue para poder distinguir los objetos. De repente oí un ruido extraño que venía de la calle, parecido al golpeteo de una rueda que da contra el pavimento. El sonido convenció a mi mente infantil que efectivamente en ese momento estaba pasando el mencionado armatoste fantasmagórico que transportaba a los niños mal portados. La treta que usó mi madre para amedrentarme dio el resultado esperado, pues a partir de ese momento ya no volví a molestar y me eché a dormir. Desde esa fecha el incidente quedó grabado para siempre en mi subconsciente. “

Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana

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