Archive for the 'Espantos y otros aparecidos' Category

Mar 01 2010

Extraños sucesos en la casa del Coronel Arrechavala

La Ciudad de León Santiago de los Caballeros, es cuna de una de las leyendas más populares que por décadas ha coqueteado con la fina línea entre la imaginación y la realidad de algunos leoneses quienes en las noches oscuras y calurosas, aún aseguran escuchar los cascos del fantasmal caballo del Coronel Arrechavala.

El español Joaquín Arrechavala había venido a Nicaragua como enviado del Rey de España, Carlos II de Borbón. En 1791 fue ascendido a Coronel, y cuando murió en 1823 se rumora que lo acompañó a la tumba la inquietud de andar penando en León, sin poder descansar en paz, hasta que su riqueza hubiera sido distribuida de alguna manera. Son muchos nicas los que aseguran que efectivamente, sus abuelos, sus padres o incluso ellos mismos han sido testigos de las andanzas del coronel y los hechos misteriosos que ocurren en la que fuera su casa.

Me contaba una señora leonesa lo que sus abuelos vivieron en carne propia: “Este cuento fue real, sucedió en el siglo pasado en la casa solariega de Arrechavala. Después de su muerte, la casa quedó abandonada y varios inquilinos la habían habitado. Muchos de ellos la desocupaban a los pocos días, ya que se decía que estaba embrujada. Me contaban mis abuelos, que ellos estaban muy jóvenes y a pesar de que se decía que en esa casa asustaban, ellos insistieron en alquilarla ya que no tenían miedo a tantos cuentos. Después de algún tiempo, por las noches se escuchaban ruidos muy fuertes de cascos o pisadas de caballo dentro del patio. Ellos dormían con un candil porque no había luz en ese tiempo en la ciudad. Una noche con gran asombro, vieron que el candil se levantaba y caminaba en el aire como si alguien lo sostuviera en sus manos. Por supuesto salieron corriendo de esa casa.”

“Yo también escuché los mismos ruidos de cascos de caballo entrando a su casa por las noches” asegura doña Paula, quien en la década de los cincuenta vivió con sus padres en una casa alquilada contiguo a la propiedad del coronel. “Ya había luz eléctrica pero sólo por ciertas horas. En el cuarto donde yo dormía con mis hermanitas, se sentía el piso del cuarto muy flojo, como si algo hueco había por dentro. Insistíamos con mi papá que descubriéramos el piso por si encontrábamos algo enterrado allí. Mi papá nunca quiso hacerlo, por temor a tantos cuentos que se decían de Arrechavala, que había sido tan poderoso y que tenía mucho dinero. Todos esos terrenos alrededor de su casa habían sido de él y las botijas abundaban en todas esas cuadras de León, específicamente de la zona del Colegio La Asunción, 3 cuadras al sur.”

Doña Paula cuenta que fue una lástima que ellos estuvieran tan pequeños, sino hubieran convencido a sus padres en buscar tesoros escondidos en esa casa, ya que muchos de los vecinos encontraron años más tarde monedas grandes de oro en recipientes de barro. Esas personas después de haber sido tan pobres, se volvieron grandes empresarios y terratenientes de la ciudad de León.

(Versión tomada directamente de una señora leonesa y recogida por Martha Isabel Arana)

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Primera versión de Arrechavala:

La primera versión escrita de la leyenda de Arrechavala data de 1956 y se encuentra en la obra de Andrés Vega Bolaños, embajador de Nicaragua en España, titulada Historia de Nicaragua. Según Salomón Somarriba, tataranieto de Joaquín Arrechavala, la leyenda fue inventada por los contrabandistas hondureños de tabaco para facilitar la introducción de sus mercancías en la ciudad durante la prohibición del tabaco. Otra de los supuestos en los que se basa la leyenda es que Joaquín Arrechavala solía pasear por la noches montado en su caballo en guardia en previsión de revueltas que fueron comunes en esa época de transición de la historia de Nicaragua. En esas guardias solía espantar a los ciudadanos que encontraba a su paso y estos, al oir el trotar del caballo huían de su encuentro – Wikipedia


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Jan 25 2010

El venado de la Laguna de Masaya

Dicen los viejitos pescadores que viven en los aledaños a la laguna de Masaya que el Viernes Santo sale, a la orilla de la costa de la laguna, el diablo convertido en un gran venado con grandes cachos y echando fuego por los ojos. Contaba don Juan Galán que cuando andaba en su balsa pescando en la laguna a eso de las dos de la mañana, vio un venado grande con los ojos vidriosos en la costa de la laguna, preparó su arma y le hizo dos disparos, lo vio caer y llegó al lugar donde había caído el animal y no había rastros del mismo.

De nuevo don Galán se adentró en la laguna, al rato de estar ahí vio de nuevo al venado, esta vez más grande, como del tamaño de un buey; preparó nuevamente su rifle y le disparó dos balazos y lo vio caer, pero esta vez se acercó con mucho miedo, rezó y se encomendó a Dios, llegó donde había caído el animal y su sorpresa fue grande pues no había rastro del tal venado. Perdió el conocimiento y unos pescadores lo encontraron en su balsa en medio de la laguna, posteriormente exclamaba don Juan ¡Es el diablo el que me salió!, ¡Es el diablo el que sale ¡ahí!

Fragmento tomado de Anécdotas de Semana Santa en Masaya/ Artículo escrito por Bayardo Ortiz Pérez, profesor folclorólogo/END.

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Jan 04 2010

La Taconuda de El Crucero

“Habían descendido unos 100 metros hacia una cañada dentro del cafetal cuando escucharon a muy pocos pasos un profundo quejido o gorgoteo que les erizó los pelos del cuerpo, saturándose el ambiente con un hedor azufroso que hirió sus narices. Calixto, más pálido que una hoja de papel, levantó su cutacha en cruz y empezó a rezar con fuerza para tomar valor, pues no podía dar ni un paso al engarrotarse sus pies por el miedo. Sin embargo, la voluntad que Dios les ha dado a sus hijos es grande, y el poder de la oración lo es más, y eso fue lo que impulsó al joven capataz para buscar a Félix, quien seguramente estaba siendo atacado por alguien.

Avanzó unos pasos hasta casi chocar con un bulto doblado por la mitad en una rama de Guapinol, quien resultó ser su amigo. El hombre gorgoteaba tratando de desprender de su cuello los afilados huesos de unas grandes manos que lo estaban estrangulando. Calixto alumbró a su amigo y a una sombra encima de Félix, ahogándolo. Al verse descubierta por los hombres y alumbrada en lo que parecía ser su cara, una horrorosa máscara de huesos, el espanto chilló como poseído y comenzó a halar al pobre hombre desde la rama en donde estaba hacia un hueco profundo que existía entre las retorcidas raíces de un Ceibón, en donde seguramente el ente se escondía entre las entrañas de la tierra.

Entre susurros se comentaba que el espanto de La Taconuda había desaparecido a muchos campesinos que se retrasaban dentro del cafetal…”

Fragmento tomado de “El rapto de la Taconuda”, artículo escrito por la señora Ninoska Chacón en END – Para leer la historia completa siga este enlace -

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Jan 01 2010

Los cipes de la Paz Centro

Los lugareños, del municipio de la Paz Centro y sus comarcas, creen en los“cipes”, muchachitos panzones con los pies al revés, y comedores de ceniza. Cuentan que en la hacienda “el Diamante” que perteneció al Dr. David Argüello, albacea de Rubén Darío y hoy perteneciente a la familia Reyes Icaza, donde está la planta geotérmica “Patricio Argüello Ryan”, aparecían estos muchachitos.

Dicen, que un mediodía, Panchito, de seis años, hijo menor del mandador de la hacienda, en compañía de unos amiguitos de la misma edad, se alejaron bastante de su casa. Pronto llegaron a un lugar donde había mucha ceniza, producto de madera quemada de días anteriores. Jugaban los niños con huleras, disparando a todo lo que se movía, cuando en eso aparecieron unos niños muy panzones que se juntaron en los juegos con Panchito y su grupo.

Eran los “cipes”, panzoncitos y con los pies al revés que pronto dejaron de jugar y se dedicaron a comer “ceniza”. Viendo esto, los otros niños se burlaban de los “cipes” y les echaban en cara lo que hacían. Los cipes no les hicieron mucho caso y siguieron comiendo ceniza.

Los niños de la hacienda notaron que éstos tenían los pies hacia atrás por lo que dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo creyendo que eran como los duendes que les harían perder el camino. Al regresar a la hacienda, los padres los reprendieron y les dijeron que si no obedecían les iba a pasar lo de esos niños, que por ser malcriados habían terminado siendo “ceniceros”.

A pesar de las diversas historias que han surgido en torno a los cipes, la más acertada es que son muchachitos de más o menos medio metro de altura, alegres y traviesos que habitan en el monte y que salen en pandilla por las noches para ingresar a las cocinas de las casas y comerse las cenizas que quedan en los fogones. Se dice que de tanto comerla parecen monitos cara blanca, las evidencias son visibles, pues, los trastes y las cenizas amanecen regados por todas partes.

También cuentan las historias que los niños que se pierden en la montaña son encontrados por los cipes, quienes lejos de dañarlos los cuidan de los peligros, los albergan en sus extrañas cuevas y los alimentan con frutas frescas. Se dice que es tan grande el cariño de estos seres que logran crear lazos afectivos con los pequeños antes de ayudarles a encontrar el camino de regreso a casa.

La palabra cipe viene del azteca tzipil, que se refiere a niños malhumorados o celosos por la llegada de un nuevo hermano o por la disminución de atención en el tiempo de lactancia materna.

Artículo publicado en El Nuevo Diario, Los Cipes Panzones, Abril 23, 2009

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Nov 29 2009

Los dos fantasmas de la Calle Real de León

“Don Víctor Manuel Valladares en su libro León Romántico e Inmortal,  relata que se reconocen dos fantasmas en León en la calle Real.  Uno habita la casa de doña Pina Ramírez de Sotomoyar, la cual perteneció a principios del siglo pasado al coronel y doctor en farmacia, José Ramón Pineda.

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El coronel Pineda se encontraba en las Segovias cuando comenzaron a desarrollarse una serie de fenómenos sobrenaturales en su morada.

A la familia le aconsejaron buscar un médium, pero decidieron esperar al jefe del hogar y cuando regresó contrató a un joven llamado Agustín González, de oficio médium, quien al comunicarse con el fantasma dijo que en esa casa vivía un viejito de pequeña estatura, ojos azules, mirada picaresca, chaleco verde y levita, y flamante pantalón negro a rayas blancas. El señor en cuestión manifestó que él era quien hacía toda esa bulla y que necesitaba comunicarse con alguien de la familia Pineda. Se hicieron los preparativos, pero el fantasma no se presentó al lugar alegando a través del médium que no se habían cumplido las condiciones que había establecido.

Otro fantasma es el de don Antonio de Betancourt, quien fue tesorero real, pero mediante intrigas y amenazas palaciegas fue despojado del cargo. Él habitaba la casa que fue de Monseñor Tijerino y Loáisiga, y ahí fue ejecutado por el asunto de la Tesorería. Se dice que la sombra de Betancourt se pasea por los corredores de esa casa, que hoy es propiedad del ex rector de la UNAN, doctor Ernesto Medina Sandino.”

(Relato enviado por Fresia Vanegas de Sampson al Nuevo Diario/ Fantasmas de Abolengo en León/Enero 15, 2009)

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