Archive for the 'CarretaNaguas' Category

Jan 01 2010

La Carretanagua tambien se aparece en Carazo

Jorge Araya Ramos, habitante de Las Marías (…) sostiene que a él mismo le salió en dos oportunidades la “Carreta Nagua”, “y no estoy mintiendo esto no es “Cuento de Lencho Catarrán” explicó el campesino.

Dijo que en dos oportunidades ha estado frente a frente con el “espanto”, pero que no le ha demostrado miedo, más bien lo amenazó con un machete “y así me he dado valor, aunque la primera vez que lo vi fui a parar a la casa de mi mamá con una gran calentura”, expresó Araya.

carreta

Araya, dijo que ni licor toma, porque pueden pensar que andaba borracho, o algo que se parezca, “pero no, yo la vi”, se adelantó a responder el entrevistado.

Dijo que la visión del “espanto” ha sido en circunstancias similares cuando va a cuidar los frijolares, porque la robadera está en lo fino y entonces hay que cuidar la producción y la última vez que, según dice, vio la “Carreta Nagua”, fue hace quince días, aproximadamente.

Señala que los bueyes, eran calavéricos y que no pudo ver la cara de quien manejaba, pero “aunque no dejó de darme mi cosita ya me acostumbré”, dijo con cierta naturalidad el campesino.

Entre tanto, el mismo Araya, asegura que en el sector de Las Marías, la gente dice haber escuchado, lamentos y otras cosas, por eso dicen que en esos lugares asustan y ya varios periodistas han venido a ver qué es lo que pasa, indicó Araya, como para darnos seguridad que lo que dice es cierto.

Fragmento tomado de “Espantos en Carazo?” artículo escrito por Alberto Cano Esteban en END, 21 de septiembre, 1998

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Nov 20 2008

La leyenda de la Carreta Nagua (Nahua, Náualt)

La carretanagua, sale en las noches oscuras de mi pueblo, sembrando terror entre los asustados vecinos que aunque no la ven, escuchan su infernal paso por las antiguas calles de la ciudad.

Dicen que al llegar a las esquinas se esfuma, que no dobla, más bien vuelve a aparecer despacio anunciando una muerte segura en la calle que sigue. Los valientes que se han atrevido a espiar su paso desde la oscuridad de las sombras afirman que va conducida por la Muerte Quirina. Otros insisten que nadie la guia, más que un par de bueyes flacos y huesudos. Va buscando víctimas y carga eternamente las almas en pena de las personas que gozan haciendo el mal de sus vecinos del barrio con sus chismes, maldades y venganzas.

“Por las noches en el silencio de los caminos solitarios se oye pasar la misteriosa carreta. Los perros y las personas que se atreven a ver aquella carreta nagua quedan con fiebre del tremendo susto de la aterradora visión. Algunos pierden el habla por varios días y hasta se han mencionado casos de muertos por oír el ruido del chirriante paso de la carreta. Doña Julia, habitante del Municipio de Jalapa, Nueva Segovia dice que un día vio una carreta inmensa y en ella dos pasajeros quirinas que llevaban una vela prendida en cada mano. Sus cabezas estaban cubiertas con capuchas blancas, según ella eran las animas del purgatorio. Los dos pasajeros solo decían ‘reza por mi alma’ una y otra vez. Doña Julia no aguantó, dice que la vista de le nubló y perdió el conocimiento. Recuerda que los siguientes días fueron terribles para ella debido a la terrible fiebre y por varios días perdió la voz.” (Visto en El país que se nos va)

Otras versiones:

La Carreta Bruja o Carreta Chillona ( Leyendas de El Salvador)

La Carreta sin bueyes (Leyendas de Costa Rica)

Foto: www.manfut.org

Otra versión:

La carreta es un medio de transporte que fue introducido por los españoles a Nicaragua en el tiempo de la Conquista. En ella llevaban a los indígenas para venderlos como esclavos o hacer trabajos duros. Generalmente se los llevaban en las noches, ante el horror de sus familias que sabían que no volverían a ver a sus seres queridos. Los indígenas le tenían mucho miedo a la carreta y la relacionaban con la muerte.  Se cree que de este terror nació en Nicaragua la leyenda de la Carreta Náhualt o Carreta Nagua. Náhualt es la lengua azteca que se hablaba en México y América Central en el tiempo que vinieron los españoles.

Las personas de los pueblos dicen que la Carreta Nagua se escucha pasar en las noches, en el silencio de las calles y generalmente en abril.   Cuando va pasando, todos los perros comienzan a aullar como lobos. Da un escalofrío en el cuerpo, desde la nuca hasta los talones de los pies como si uno se quedara paralizado de miedo.  Empieza la persona a temblar de miedo y se queda prendida en calentura, débil y en shock mirando como la carreta se va alejando entre la neblina. Los curiosos que han logrado verla caen gravemente enfermos con fiebre y mueren a los pocos días. Dicen que solo los recién nacidos y los que están a punto de morir parecen ver el espanto.

La gente que la ha visto dice que la Carreta Nagua va manejada por dos bueyes flacos como esqueletos y otros aseguran que va sola, que nadie la lleva. La guía la Muerte Quirina que va vestida con un sudario blanco y una guadaña en el hombro derecho. Lleva en la carreta las almas de todos los curiosos que se asoman a verla para vender despues sus almas al Diablo. En el silencio de las noches se escucha que va pasando en las calles de piedra, toda vieja y floja, con una ruedas que están a punto de quebrarse y que suenan como huesos pegándose unos con otros. Dicen que es horrible y que a los lados de ella van unos esqueletos caminando con unas candelas en la mano. Si estos esqueletos se encuentran con alguien que anda en la calle, le entregan la candela y cuando éstos han pasado, la persona que le dieron la candela descubre con horror que lo que tiene en la mano es un hueso, no una candela. La carreta no cruza esquinas en cruz. Cuando llega a una esquina, retrocede o desaparece y vuelve a aparecer más adelante.

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Testimonio:

Allá en Telica, sobre el camino que va de León a Chinandega, se oye mucho pasar la carreta nagua y doña Jacinta ya se las conoce todas a la bendita carreta, según sus propias palabras, pero su susto más grande nos lo evocó con escalofrío:
“Yo estaba solita, íngrima, ya eran las once e a noche y Chon todavía no había llegado. Yo sabía que el vendría temprano a la casa porque había ido a la vela de la agüela de Chilo. Estaba yo pensando que era tarde, cuando de pronto oí un estrépito, los perros aullaban, las gallinas cacareaban, los animales estaban asustados. No había luna y las calles oscuras, oscuras. Yo temblaba pero al fin de cuentas decidí asomarme a ver lo que pasaba. Entonces agarré valor y salí. No ví mas que una inmensa carreta y pronto perdí el conocimiento, la vista se me nubló y caí privada. Al día siguiente todavía tenía calentura y pasé dos días sin poder hablar, el sonido de la vos no me salía. Eso le sucede a las personas que ven esa carreta. Dicen que esos pasajeros que llevan una vela prendida en cada mano y con la cabeza cubierta con una capuchas blancas, son las ánimas del purgatorio que andan penando…” – Tomado de Cuentos y leyendas nicaragüenses


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May 20 2007

La Carreta Nagua de la Calle Candelaria

La Carreta Nagua es una de nuestras tantas leyendas que por generaciones ha perturbado el sueño de nosotros los nicas, desde que tenemos uso de razón. He escuchado diferentes versiones acerca de su origen, pero en lo que todas coinciden, es que la carreta de nuestra historia está embrujada, es ruidosa, tenebrosa y recorre las calles de los pueblos de mi tierra aprovechando las sombras de la noche.

“La carreta Nagua se desplaza sola, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada” me relata Don Denis Rocha. “La leyenda de la carreta Nagua fue traída por aquellos que vinieron de México cuando poblaron las tierras de Nicaragua. Se trata de una carreta que se desplaza sola, sin boyero, halada por dos bueyes que la conducen lentamente al peso de la noche o la madrugada. La leyenda con el tiempo paso a ser parte del folclore nicaragüense.

La primera vez que oí hablar sobre la Carreta Nagua fue cuando vivíamos en la Calle Candelaria, una de las pocas calles pavimentadas de la vieja Managua. “Si no te volvés a dormir” me dijo mi madre sentenciándome, “voy a abrir la puerta para que te lleve la Carreta Nagua.” Era de madrugada, la claridad estaba todavía muy tenue para poder distinguir los objetos. De repente oí un ruido extraño que venía de la calle, parecido al golpeteo de una rueda que da contra el pavimento. El sonido convenció a mi mente infantil que efectivamente en ese momento estaba pasando el mencionado armatoste fantasmagórico que transportaba a los niños mal portados. La treta que usó mi madre para amedrentarme dio el resultado esperado, pues a partir de ese momento ya no volví a molestar y me eché a dormir. Desde esa fecha el incidente quedó grabado para siempre en mi subconsciente. ”

Versión tomada directamente de Denys Rocha y recogida por Martha Isabel Arana.

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May 18 2007

Cuentos de San Rafael del Sur


El municipio de San Rafael del Sur también guarda sus historias, memorias increíbles de tiempos pasados donde encontramos personajes como el anciano don Manuel Gutiérrez Pilarte que con buen humor y entusiasmo se jacta no sólo de haber visto pasar la Carreta Nagua, uno de los espantos más temidos y antiguos de Nicaragua, sino que incluso, insiste haberse montado en ella hace más de medio siglo y aún sigue vivo para contarlo.

“Eran como las doce de la noche y todavía estaban en la mesa jugando cuatro muchachos, dos contra dos. En eso se oyó que por la calle venía rechinando algo, aquellos hombres salieron corriendo para sus casas y yo me quedé en el billar, esperando que pasara lo que hacía ese ruido y vi que era una carreta”, afirma el anciano. “Al pasar la carreta frente a la puerta del billar —continúa— yo me monté en la parte de atrás y cuando vi quién la iba guiando sólo mire que era un esqueleto, lleno de huesos, pero no sé por qué no me dio miedo y seguí sentado en la parte trasera, hasta que me di cuenta que la tal carreta iba para el lado del cementerio, entonces me bajé y me fui a mi casa, en medio de la oscuridad, porque en esos días la gente se alumbraba con candil y sólo unas cuantas casas tenían luz eléctrica”, dice con elocuencia don Manuel.

A partir de ese suceso, dice don Manuel que ya no le tuvo miedo a nada y la fama corrió por el pueblo hasta que un día un amigo suyo que dudaba de su valentía lo retó diciéndole, que si se atrevía a ir sólo a las doce de la noche al cementerio y dejar una señal, le daba cien córdobas.

Esos cien pesos son míos —pensó— y esa misma noche se fue solito al cementerio y dejó un puñado de tierra encima de la sepultura de un muerto, con lo que convenció al amigo que le tuvo que pagar lo convenido no sin antes felicitarlo: “¡Ajá hombré, vos sí que me la das a creer que sos valiente!”

Historia de D. Manuel Gutierrez es fragmento de El viaje de don Manuel en la carreta nagua” Orlando Valenzuela/La Prensa, 3 de diciembre, 2000.

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