Archive for the 'Cuentos y leyendas de León y Chinandega' Category

Nov 29 2009

Los dos fantasmas de la Calle Real de León

“Don Víctor Manuel Valladares en su libro León Romántico e Inmortal,  relata que se reconocen dos fantasmas en León en la calle Real.  Uno habita la casa de doña Pina Ramírez de Sotomoyar, la cual perteneció a principios del siglo pasado al coronel y doctor en farmacia, José Ramón Pineda.

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El coronel Pineda se encontraba en las Segovias cuando comenzaron a desarrollarse una serie de fenómenos sobrenaturales en su morada.

A la familia le aconsejaron buscar un médium, pero decidieron esperar al jefe del hogar y cuando regresó contrató a un joven llamado Agustín González, de oficio médium, quien al comunicarse con el fantasma dijo que en esa casa vivía un viejito de pequeña estatura, ojos azules, mirada picaresca, chaleco verde y levita, y flamante pantalón negro a rayas blancas. El señor en cuestión manifestó que él era quien hacía toda esa bulla y que necesitaba comunicarse con alguien de la familia Pineda. Se hicieron los preparativos, pero el fantasma no se presentó al lugar alegando a través del médium que no se habían cumplido las condiciones que había establecido.

Otro fantasma es el de don Antonio de Betancourt, quien fue tesorero real, pero mediante intrigas y amenazas palaciegas fue despojado del cargo. Él habitaba la casa que fue de Monseñor Tijerino y Loáisiga, y ahí fue ejecutado por el asunto de la Tesorería. Se dice que la sombra de Betancourt se pasea por los corredores de esa casa, que hoy es propiedad del ex rector de la UNAN, doctor Ernesto Medina Sandino.”

(Relato enviado por Fresia Vanegas de Sampson al Nuevo Diario/ Fantasmas de Abolengo en León/Enero 15, 2009)

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Nov 20 2008

La leyenda de la Carreta Nagua (Nahua, Náualt)

La carretanagua, sale en las noches oscuras de mi pueblo, sembrando terror entre los asustados vecinos que aunque no la ven, escuchan su infernal paso por las antiguas calles de la ciudad.

Dicen que al llegar a las esquinas se esfuma, que no dobla, más bien vuelve a aparecer despacio anunciando una muerte segura en la calle que sigue. Los valientes que se han atrevido a espiar su paso desde la oscuridad de las sombras afirman que va conducida por la Muerte Quirina. Otros insisten que nadie la guia, más que un par de bueyes flacos y huesudos. Va buscando víctimas y carga eternamente las almas en pena de las personas que gozan haciendo el mal de sus vecinos del barrio con sus chismes, maldades y venganzas.

“Por las noches en el silencio de los caminos solitarios se oye pasar la misteriosa carreta. Los perros y las personas que se atreven a ver aquella carreta nagua quedan con fiebre del tremendo susto de la aterradora visión. Algunos pierden el habla por varios días y hasta se han mencionado casos de muertos por oír el ruido del chirriante paso de la carreta. Doña Julia, habitante del Municipio de Jalapa, Nueva Segovia dice que un día vio una carreta inmensa y en ella dos pasajeros quirinas que llevaban una vela prendida en cada mano. Sus cabezas estaban cubiertas con capuchas blancas, según ella eran las animas del purgatorio. Los dos pasajeros solo decían ‘reza por mi alma’ una y otra vez. Doña Julia no aguantó, dice que la vista de le nubló y perdió el conocimiento. Recuerda que los siguientes días fueron terribles para ella debido a la terrible fiebre y por varios días perdió la voz.” (Visto en El país que se nos va)

Otras versiones:

La Carreta Bruja o Carreta Chillona ( Leyendas de El Salvador)

La Carreta sin bueyes (Leyendas de Costa Rica)

Foto: www.manfut.org

Otra versión:

La carreta es un medio de transporte que fue introducido por los españoles a Nicaragua en el tiempo de la Conquista. En ella llevaban a los indígenas para venderlos como esclavos o hacer trabajos duros. Generalmente se los llevaban en las noches, ante el horror de sus familias que sabían que no volverían a ver a sus seres queridos. Los indígenas le tenían mucho miedo a la carreta y la relacionaban con la muerte.  Se cree que de este terror nació en Nicaragua la leyenda de la Carreta Náhualt o Carreta Nagua. Náhualt es la lengua azteca que se hablaba en México y América Central en el tiempo que vinieron los españoles.

Las personas de los pueblos dicen que la Carreta Nagua se escucha pasar en las noches, en el silencio de las calles y generalmente en abril.   Cuando va pasando, todos los perros comienzan a aullar como lobos. Da un escalofrío en el cuerpo, desde la nuca hasta los talones de los pies como si uno se quedara paralizado de miedo.  Empieza la persona a temblar de miedo y se queda prendida en calentura, débil y en shock mirando como la carreta se va alejando entre la neblina. Los curiosos que han logrado verla caen gravemente enfermos con fiebre y mueren a los pocos días. Dicen que solo los recién nacidos y los que están a punto de morir parecen ver el espanto.

La gente que la ha visto dice que la Carreta Nagua va manejada por dos bueyes flacos como esqueletos y otros aseguran que va sola, que nadie la lleva. La guía la Muerte Quirina que va vestida con un sudario blanco y una guadaña en el hombro derecho. Lleva en la carreta las almas de todos los curiosos que se asoman a verla para vender despues sus almas al Diablo. En el silencio de las noches se escucha que va pasando en las calles de piedra, toda vieja y floja, con una ruedas que están a punto de quebrarse y que suenan como huesos pegándose unos con otros. Dicen que es horrible y que a los lados de ella van unos esqueletos caminando con unas candelas en la mano. Si estos esqueletos se encuentran con alguien que anda en la calle, le entregan la candela y cuando éstos han pasado, la persona que le dieron la candela descubre con horror que lo que tiene en la mano es un hueso, no una candela. La carreta no cruza esquinas en cruz. Cuando llega a una esquina, retrocede o desaparece y vuelve a aparecer más adelante.

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Testimonio:

Allá en Telica, sobre el camino que va de León a Chinandega, se oye mucho pasar la carreta nagua y doña Jacinta ya se las conoce todas a la bendita carreta, según sus propias palabras, pero su susto más grande nos lo evocó con escalofrío:
“Yo estaba solita, íngrima, ya eran las once e a noche y Chon todavía no había llegado. Yo sabía que el vendría temprano a la casa porque había ido a la vela de la agüela de Chilo. Estaba yo pensando que era tarde, cuando de pronto oí un estrépito, los perros aullaban, las gallinas cacareaban, los animales estaban asustados. No había luna y las calles oscuras, oscuras. Yo temblaba pero al fin de cuentas decidí asomarme a ver lo que pasaba. Entonces agarré valor y salí. No ví mas que una inmensa carreta y pronto perdí el conocimiento, la vista se me nubló y caí privada. Al día siguiente todavía tenía calentura y pasé dos días sin poder hablar, el sonido de la vos no me salía. Eso le sucede a las personas que ven esa carreta. Dicen que esos pasajeros que llevan una vela prendida en cada mano y con la cabeza cubierta con una capuchas blancas, son las ánimas del purgatorio que andan penando…” – Tomado de Cuentos y leyendas nicaragüenses


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Aug 16 2007

La leyenda de la Peña del Tigre

Según la leyenda colonial, publicada en 1956 por Gustavo A. Prado,  la hija del Almirante Real y Gobernador don Tomás Marcos Duque de Estrada,  tenía ya todo planeado para casarse con el Alférez Real don Alonso Mexía.  Mientras el sacerdote celebraba ya el ritual, apareció un joven  junto con un grupo de enmascarados y raptó a Doña Inés, como se llamaba la joven.  El nombre del muchacho era don Álvaro Reyes de Cifuentes.

Acerca de esta leyenda, escribe Jehú Hernandez que “su huida los alcanzó la noche y que don Álvaro Reyes observó que en una roca ubicada cerca de la orilla del mar había una oquedad natural, procediendo a preparar el lecho para descansar con su amada.  Pero el galán enamorado ignoraba que estaba invadiendo la cueva de un tigre, el que al regresar a su morada se encontró con los intrusos.

Por la mañana, el padre de Inés junto a un grupo de perseguidores llegaron a la cueva y encontraron los huesos y las ropas ensangrentadas de ambos. “Se los comió el tigre”, fue la conclusión a la que llegaron.

La otra versión es que la roca tenía, hace muchos años, la forma de un tigre echado. Pero dicen los pobladores que esa forma la ha perdido producto de los constantes golpeteos que recibe de las olas del mar.”

- La prensa Digital – La playa donde se baña el tigre.

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May 21 2007

El misterioso doctorcito

Esto le pasó a mi tía-abuela materna: Margarita Parajón De Escorcia. Resulta ser que por los años sesenta ella dio a luz a su último hijo varón que por nombre le pusieron Javier…A los días del nacimiento de Javier, él se enferma gravemente y mi Tía Margarita se vuelve loca y en su desesperación sale corriendo a media noche en las calles de León a buscar a un doctor que la socorra, inmensamente angustiada, ella va a parar a un puente que da camino a un río; y en el cual en medio del puente se le aparece un señor de muy baja estatura, el cual la detiene y le pregunta que es lo que la angustia…Ella le cuenta que su hijo está mal y que ella no sabe que hacer…El le dice que él la puede ayudar, y que lo lleve ante el bebé…Ella confiada lo lleva y él entra en la casa y cuando ve a Javier, lo primero que hizo fue sacar de su diminuto maletín una especie de pomada y se la frotó en el ombligo al niño e inmediatamente él dejó de llorar.

En ese mismo instante mi tía toca al niño y se da cuenta de que ya no tiene fiebre, consecuentemente a eso, mi tía se voltea para darle las gracias al misterioso Doctor con su maletín para agradecerle inmensamente lo que había hecho por su pequeño recién nacido…Pero para su sorpresa el médico de estatura pequeña, que casi parecía un enano, había desaparecido ante sus propios ojos. Jamás en el transcurso de su vida volvió a saber del Doctorcito de baja estatura. Después de lo sucedido mi tía intrigada por la desaparición del señor, empezó a preguntar si alguien había visto con anterioridad al susodicho, para su sorpresa nadie le supo dar razón, lo único que le pudieron decir es que el que le había ayudado no había sido un médico, sino un duende.

(Versión tomada directamente de Patricia  Salazar y recogida por Martha Isabel Arana)

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May 20 2007

Pekin, la pulpería

Pekin

No se pregunta en vano
cuando a Pekin hay que llegar,
pues todos lo saben ubicar
en el Barrio Guadalupano.

Es una esquina conocida
cuyo uso certero
ha servido al cartero
como punto de partida.

Todos debemos tener presente
que antes de ser pulpería
era una gran chichería
en mil novecientos viente.

Sucedió sin algún plan
este cambio comercial
al comprar ese local
doña Josefa Alvares Morán.

Aquella casa esquinera
fue de estantes llenado
y en el fondo cocinando
como experta cocinera.

Se vendía azúcar, harina
chorizo y nacatamales,
y de queso los quintales
que llegaban de Cosigüina.

Para la ropa sucia
que necesitaban blanquear
allí podían comprar
el efectivo azul de Prusia.

No faltaba el carburo
tamales, pan y aceite:
y para completar el deleite
un cigarro o un puro.

Aqui se crió Gustavo
y los demas Sandoval,
en los tiempos que un tamal
costaba medio centavo.

- Enviado por Fernando Sandoval. Tomado de “Chinandega en versos”

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