Archive for the 'Cuentos y leyendas de León y Chinandega' Category

Aug 16 2007

La leyenda de la Peña del Tigre

Según la leyenda colonial, publicada en 1956 por Gustavo A. Prado,  la hija del Almirante Real y Gobernador don Tomás Marcos Duque de Estrada,  tenía ya todo planeado para casarse con el Alférez Real don Alonso Mexía.  Mientras el sacerdote celebraba ya el ritual, apareció un joven  junto con un grupo de enmascarados y raptó a Doña Inés, como se llamaba la joven.  El nombre del muchacho era don Álvaro Reyes de Cifuentes.

 Acerca de esta leyenda, escribe Jehú Hernandez que “su huida los alcanzó la noche y que don Álvaro Reyes observó que en una roca ubicada cerca de la orilla del mar había una oquedad natural, procediendo a preparar el lecho para descansar con su amada.  Pero el galán enamorado ignoraba que estaba invadiendo la cueva de un tigre, el que al regresar a su morada se encontró con los intrusos.

Por la mañana, el padre de Inés junto a un grupo de perseguidores llegaron a la cueva y encontraron los huesos y las ropas ensangrentadas de ambos. “Se los comió el tigre”, fue la conclusión a la que llegaron.

La otra versión es que la roca tenía, hace muchos años, la forma de un tigre echado. Pero dicen los pobladores que esa forma la ha perdido producto de los constantes golpeteos que recibe de las olas del mar.”  – La prensa Digital – La playa donde se baña el tigre.

3 responses so far

Jun 16 2007

Recuerdos y leyendas de León

¡Dicen en la pulpería que ya los muchachos se tomaron el comando! – comentó mi madre de prisa mientras se montaba en el carro.  ¡Vámonos del centro! ¡Vámonos de aquí…! - En ese mismo momento un soldado de la Guardia Nacional abría fuego violentamente  en una esquina, vaciando su ametralladora en la historia de mi pueblo.   En la confusión sólo escuché el grito desesperado de mi padre que nos decía ¡agáchense que nos mata!  Sin embargo,  siendo una niña,  la curiosidad y el miedo me dejaron clavada en el asiento trasero del carro, viendo, escuchando, grabando en la memoria…

El año pasado y treinta después, camino cerca de aquella misma esquina donde un guardia disparara, para visitar el Museo de Mitos y Leyendas de León.   En vez del soldado de mi historia, la estatua de un guerrillero me saluda en la entrada del museo con una piedra en la mano.   Lo que fue en aquel entonces la Carcel la 21, (llamada así porque fue edificada en 1921) es ahora el lugar donde los mitos y leyendas se reúnen como muestra palpable de las creencias y supersticiones de nuestro pueblo.

Una muchacha de sonrisa amable, estudiante de segundo año de turismo según nos dijo, se ofrece a darnos el tour. Como un poema macabro que ha tenido que aprender, nos recita de memoria y casi sin respirar las historias de nuestras leyendas y los horrores de las torturas de la famosa 21.  Nos anuncia que es una lástima que hayamos llegado en ese momento.  Se acaba de ir la luz, como todas las mañanas, y no podremos escuchar los efectos y voces de los espantos.

“Allí metían de cabeza a los hombres que estaban torturando” nos dice señalando unas piletas a mano derecha.  “Dicen que les hacían tragarse unos botones amarrados a un hilo y después se los jalaban”…  A mí me da escalofríos y prefiero enfocar con mi cámara a “la Llorona” que tomarle fotos a otras espantosas memorias.

“Mi madre dijo que la sangre de los verdugos no debe mezclase con la sangre de los esclavos.  Entonces se fue al río y botó al muchachito y ¡pam! se oyó cuando cayó al agua”  (Fragmento/Milagros Palma)

Estos personajes representan cuatro de los espantos más famosos en las calles leonesas.  Arriba la Negra Camila que se aparece a los borrachos en las tibias madrugas con un puro y una botella vacía en la mano, y La Voladora, que según la leyenda, después de hacer pacto con el Diablo podía volar lejos, hasta México…

El Padre sin Cabeza dicen que aún aparece en las calles de León, deambulando cerca de la Basílica Catedral, recorriendo sus oscuros túneles, especialmente los sábados de gloria.     El Coronel de la foto  es  Joaquín Arrechavala,  espanto que no le hace daño a las muchachas pero maltrata con su látigo la espalda de los hombres que tienen el infortunio de escuchar los fantasmales cascos de su caballo en las calles empedradas de la antigua ciudad colonial .

Mi colección no estaría completa sin la conocida Toma-tu-Teta  que provoca risitas nerviosas entre los chavalos y adolescentes cuando miran este personaje en el museo.   En una página nicaragüense desaparecida, imposible de localizar, se leía esta historia: “Esta joven agraciada, hija de un acaudalado hacendado, era una joven con cabeza grande, una cara amarga como de pocos amigos, unos ojos saltones, una boca bastante pronunciada, una nariz larga y ancha y el cuerpo muy bien desarrollado como el de un hombre; brazos gruesos y musculosos, pelo largo y unas tetas extremadamente grandes. Con todas estas cualidades y a pesar de ser heredera única de la fortuna de sus padres, nunca pudo conseguir un pretendiente, por lo que valiéndose de su conformado cuerpo, salía a las calles y donde encontraba grupos de hombres, escogía al que mas le gustaba, lo agarraba y no lo soltaba y sacándose su hermoso cántaro de miel les decía: Toma tu teta, toma tu teta, toma tu teta… hasta que les metía el enorme pezón en la boca y cuando ya quedaba satisfecha los soltaba. Cuentan que todavía a Don Pancho, Don Lencho y Pancracio hace poco se les apareció, ellos se quedaron estupefactos de tan impresionante figura, nos dijeron que dijéramos a todo joven que por las noches le gusta salir que no lo hagan, que cuando mire con todo y guaro la Toma-tu-teta les va salir.”

¡Las historias de mi pueblo! A veces tristes, a veces cómicas, agridulces, pero todas genuinas, contadas de corazón…  Espero pronto volver a León.  Tal vez pueda recorrer sus calles en los próximos días, tal vez no.

Sea lo que sea, espero desearles con esta historia que tengan un feliz verano y nos seguimos leyendo en agosto…. ¡cuidado con trasnochar!  ; )

 

15 responses so far

May 21 2007

El misterioso doctorcito

Esto le pasó a mi tía-abuela materna: Margarita Parajón De Escorcia. Resulta ser que por los años sesenta ella dio a luz a su último hijo varón que por nombre le pusieron Javier…A los días del nacimiento de Javier, él se enferma gravemente y mi Tía Margarita se vuelve loca y en su desesperación sale corriendo a media noche en las calles de León a buscar a un doctor que la socorra, inmensamente angustiada, ella va a parar a un puente que da camino a un río; y en el cual en medio del puente se le aparece un señor de muy baja estatura, el cual la detiene y le pregunta que es lo que la angustia…Ella le cuenta que su hijo está mal y que ella no sabe que hacer…El le dice que él la puede ayudar, y que lo lleve ante el bebé…Ella confiada lo lleva y él entra en la casa y cuando ve a Javier, lo primero que hizo fue sacar de su diminuto maletín una especie de pomada y se la frotó en el ombligo al niño e inmediatamente él dejó de llorar.

En ese mismo instante mi tía toca al niño y se da cuenta de que ya no tiene fiebre, consecuentemente a eso, mi tía se voltea para darle las gracias al misterioso Doctor con su maletín para agradecerle inmensamente lo que había hecho por su pequeño recién nacido…Pero para su sorpresa el médico de estatura pequeña, que casi parecía un enano, había desaparecido ante sus propios ojos. Jamás en el transcurso de su vida volvió a saber del Doctorcito de baja estatura. Después de lo sucedido mi tía intrigada por la desaparición del señor, empezó a preguntar si alguien había visto con anterioridad al susodicho, para su sorpresa nadie le supo dar razón, lo único que le pudieron decir es que el que le había ayudado no había sido un médico, sino un duende.

2 responses so far

Next »