Archive for the 'Cuentos y leyendas de Estelí, Madriz y Nueva Segovia' Category

May 21 2007

Pozas misteriosas

Teniendo mi país un clima tan caliente, no hay nada más delicioso que encontrarse en el camino con alguna poza fresca, refugiarse en sus aguas, y protegerse en ellas del inclemente sol, especialmente cuando algún chilamate cubre con su tupido follaje a los acalorados bañistas.

Al igual que los lagos y las lagunas de Nicaragua, las pozas también encierran sus misterios, y sobra quien quiera contar alguna experiencia extraña ocurrida mientras disfrutaba un buen chapuzón en la soledad de estos pintorescos parajes.

La Poza del Gallo

Esta leyenda de la Isla de Ometepe la he conocido de diversas fuentes. La escribo aquí, tal y como la he leído.

“Dicen que cuando la gente pasaba por el río El Tistero salían espantos, entre ellos un gallo precioso colorado. Aparecía cantando a las 12 del día y a las 12 de la noche. Los transeúntes se quedaban extasiados viendo al hermoso animal que llevaba un mecate largo amarrado a la pata. Todo el que seguía al gallo con intenciones de llevárselo, cuando estaba por alcanzar el mecate, daba un salto y de salto en salto llegaban hasta una poza y en ella desaparecían. Desde entonces, se le conoce como la Poza del Gallo, situada en el río Istián vecino al Tistero. Dicen que todavía se escucha un gallo que canta en la poza a la misma hora.”

La Poza Bruja
La Prensa 30 enero, 2005
María José Bravo (q.e.p.d.)

“En la comarca de Tierra Blanca (Chontales, Juigalpa), exactamente en el área de la finca San Sebastián, resalta la belleza de la famosa Poza Bruja, cuyo nombre según los habitantes obedece a que en sus cristalinas aguas se forma un remolino, apreciándose en el fondo a una jovencita lavando. Pero también algunos parroquianos cuentan que el misterio se debe a que todo el que se acerca a la poza se refleja en las aguas como enanito, hecho que no se explican. Pese a los misterios de la Poza Bruja, los turistas hacen caso omiso y se refrescan sin temor alguno en sus plácidas aguas.”

El recientemente descubierto Cañón de Somoto tiene alrededor de 8 pozas que estoy segura son un manantial fresco de historias, recuerdos y cuentos misteriosos. Espero leer pronto más acerca de esta región, aunque ya escuché por allí, para empezar, que algunos campesinos han empezado a contar sus vivencias. Cuentan entre otras cosas, que algunas veces han tenido que salir huyendo atemorizados porque cuando se bañan en estas verdosas aguas, sienten que algo les agarra el cuerpo y por más han tratado de averiguar, nunca han logrado saber qué es.

(Foto enviada por Verónica de Mina Bonanza -Río Aguas Claras)

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May 21 2007

Los duendes del potrero

La siguiente historia me la envió Pablo Gutiérrez, guía turístico nica, quien tuvo la amabilidad de compartir conmigo varios relatos recopilados en sus viajes por nuestro país. La historia, tal como la escribió Pablo, sucedió así:

“Bueno me dijo una señora muy buena que es mi Madre, que cuando ella era una niña, vivía en un área rural de Nicaragua en el norte centro del país donde había mucha pobreza. Cuenta mi mamá que un día venían de otra finca lejos de la finca en donde vivía mi abuela con todos sus hijos. Normalmente, el viaje en mula tardaba 3 horas para llegar a la casa de mi abuela, pero al salir de esta finca llagaron más familiares y la entretuvieron casi dos horas, así que llegaron a las nueve de la noche. Pero en algún lugar del camino todos escucharon la risa de muchos niños. A mi abuela la acompañaban 4 de sus hijos, dos niñas y dos varones y a lo claro de la luna, en un potrero, (mi abuela tenia un dicho, cuando la luna estaba llena e iluminaba mucho la noche, ella solía decir que la luna estaba como que era el día, describiendo que la noche se veía iluminada) vieron un grupo de niños o lo que parecía ser un grupo de niños vestidos todos de rojo. Mi mamá pensó que eran unos amiguitos suyos de una finca vecina, ya que estaban a punto de llegar a la finca de mi abuela. Bueno, mi abuela hizo como que no le dio importancia al evento pero los niños empezaron a preguntarle ‘abuelita no podemos ir a jugar con la Felipa que está allá jugando en el potrero?’

Y mi abuela les contestó ‘No, no, no ¿Cómo se les ocurre que van a ir a jugar a esta hora? íya son casi las nueve!’ E inmediatamente después, ellos le contestaron que por aquellos niños podían y ellos no. Pero ella sabía que esos niños no eran los que sus hijos pensaban así que les contestó ‘No estén inventando.’

Bueno ese evento pasó hace cuarenta años y en la actualidad he conocido a una familia que su hijo fue secuestrado por los duendes, y que después de seis días apareció, pero su mente ya no era la misma. En la actualidad uno ve a este joven y piensa que nació con el Síndrome de Down, pero la verdad es que nació perfectamente sano. También en la actualidad dice un señor que habita en el mismo lugar que a eso de las 3:00 de la tarde en un camino de tierra vio a un niño vestido de celeste que imprudentemente cruzó el camino. Tanto fue así que el señor en su jeep frenó bruscamente y vio que este niño tenia las orejas punteadas. Trató de seguirlo hacia un túnel que estaba debajo del camino de tierra para saber si no lo había golpeado. El señor siguió al niño que entró hacia el túnel, salió al otro extremo, pero no encontró a nadie. Aún en la actualidad Don Roger, que así se llama el señor, no se explica que pasó con aquel niño que vestía de celeste.

Y mi mamá dice que después de aquel evento preguntó a sus amiguitos que hacían en aquel potrero tan noche y que bonito el vestido rojo que les habían comprado y ellos contestaron que nunca saldrían a un potrero a esas horas de la noche porque les daba MIEDO que les aparecieran los duendes, y creo yo, que en la pobreza que vivían no podrían comprarle vestidos rojos a todos los hijos.”

(Versión tomada directamente de Pablo Gutiérrez y recogida por Martha Isabel Arana)

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May 20 2007

Dipilto fue y es de María

En el Libro XXII de Bautismos, al Folio 175, se encuentra la siguiente nota de Monseñor Nicolás Antonio Madrigal: “El día 6 de agosto de 1947, por la tarde, se colocó la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe y la de Juan Diego, en una piedra natural al otro lado del río, en la salida para la montaña…” La imagen fue traída a Dipilto el día 10 de febrero de 1947 y desde entonces comenzó a derramar sus gracias y favores entre los pobladores del lugar, del departamento y más allá de sus fronteras.

El primero de los milagros del que tenemos testimonio fue la cesación de una peste que afligió al pueblo de Dipilto, consistente en calenturas con sudor fétido y gran delirio, llegando a punto de estar las casas a puertas cerradas por estar todos sus moradores en cama. Queda constancia de que la petición del pueblo fue atendida por la Santísima Virgen de Guadalupe, naciendo de este hecho una confianza tal en la interseción de la Virgen, que las gentes de todos los apuros y enfermedades acudían a la Virgen y notaban que con las aguas del río frente a la piedra se curaban sus males.


Casi a los siete años de estar favoreciendo únicamente a los habitantes del pueblo, que la han venerado, la Santísima Virgen quiso extender su maternal protección a otros pueblos, tanto de Nicaragua como de Honduras, haciendo brotar una fuente el día 29 de junio de 1953 en el barranco. El día 4 de agosto se hizo explorar el lugar y buscar causas naturales que explicaran el aparecimiento de agua en el lugar donde nunca había habido.

Texto tomado de “Santísima Virgen de la Piedra”, Dipilto, Nueva Segovia. Imprenta Arquidiocesana de Managua.

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May 19 2007

Un encuentro con La Mona

Norte de Nicaragua

“Aunque parezca dificil de creer esto me paso a mí.

Bueno dicen en el norte del país que los micos son personas que a través de oraciones se transforman en este animal para ir a las casas de las personas y robarles alimentos. Algunos dicen que las mujeres se transforman en monas, para ir a seducir a algún hombre que les guste y que no les hace caso. Dicen también que el mico es un espíritu malo y que la única forma de capturarlo es con semillas de mostaza bendecidas por algún cura, con agua bendita.

Una vez que venía de una vigilia Católica en un lugar llamado El Silencio, yo venía en una mula con un amigo a quien llamábamos Nicho. El era el dueño de la mula y me permitió montarla, ya que me dijo que él venía cansado de montar ya que venía de un lugar llamado Caña brava, a tres días de camino. Entonces cuando veníamos sobre el camino de tierra y hacia la derecha escuchamos unas risas que provenían del potrero. Nicho se hizo como que no había escuchado nada y a mi parecer eran niños que estaban jugando en el potrero a media noche. Yo siendo de la ciudad, para mí era muy normal que los niños estuvieran jugando a media noche. Entonces no me pareció extraño escuchar a esos niños… ayyy inocente de mi!

Bueno, al llegar a la casa encontré un cuadro raro, no porque estuviera todo oscuro ya que en esa zona no conocen la luz eléctrica, sino porque estaban los trabajadores de la finca esparcidos y durmiendo en el suelo, si importarles el frío incómodo de las noches norteñas de Nicaragua, sin ninguna cobija o frazada, solo cobijados con las cobijas del arriero ( las manos formando una X sobre el pecho). En el porche encontré a uno, en la bodega encontré al otro, pero éste estaba más tranquilo ya que el viento helado que soplaba, no pasaba en las paredes de la bodega. Más bien en el cerro que se formaba de mazorcas de maíz donde él estaba durmiendo le daba una sensación de comodidad.

Bueno, entré a mi aposento y encontré que mi habitación estaba vacía. Lo primero que busqué fue mis dos armas, ya que pensé que había ocurrido un asalto en la casa. Revisé debajo de la cama, encontré mi rifle calibre 22 y entre los dos colchones de mi cama busqué mi revolver calibre 38 que los campesinos llamaban la Mitigueso, ya que no podían pronunciar correctamente Smith y Wesson.

Al principio me puse nervioso ya que al meter la mano entre los colchones no encontré el arma, pero después con más calma la encontré en un lugar en el que no suelo ponerla, pero así con dudas me logré dormir a la una de la mañana. A las dos me desperté tras un raro sueño y en mi sueño sentía que en la oscuridad de mi cuarto había alguien más y yo sentía esa presencia. Esa sensación siguió aún estando despierto. Yo sentía que alguien estaba en el cuarto conmigo, pero no podía ver nada. De pronto escuché un silbido lejano y me acordé de las leyendas de los campesinos que decían que cuando el mico estaba muy cerca, el silbido se escuchaba muy lejos.

En ese momento me invadió el miedo, ya que yo sentía que alguien estaba en el cuarto conmigo y estaba seguro de que ese silbido provenía de la cosa que me estaba acompañando en mi habitación, en medio de la noche. Así que me arme de valor e intenté dormirme sabiendo que esa cosa aun estaba allí. Me logré dormir pero a eso de las 4 de la mañana un extraño sonido me despertó y cuando lo logré identificar supe que era alguien golpeando madera. Me dirigí hacia a la cocina que estaba en la parte de afuera de la casa y estaba casi seguro de que era uno de los hijos del mandador, pero al llegar a la cocina este ente o cosa, brincó desde el cocinero que a duras penas mide medio metro hasta el techo que tenia 3 metros de alto. Sinceramente yo no logré ver a nadie, ya que dicen que el que no cree en esas cosas no las logra ver, pero si estoy seguro de que algo que no se veía, brincó.

Al día siguiente le reclamé al mandador que por qué permitía que sus hijos anduvieran en el monte a altas horas de la noche y él me dijo que eso no era cierto ya que sus hijos le tenían miedo a la oscuridad tanto es así que para hacer pipí lo hacían introduciendo la pichita entre las hendijas que se forman entre las tablas de madera que sirven de pared en las casas del campo para no tener que ir afuera.

A mi parecer esto tenía todo el sentido del mundo, contrario a la noche tan rara que a mi juicio fue una noche sin sentido por los acontecimientos que no vi, pero sentí.”

(Versión tomada directamente de Pablo Gutiérrez, guía turístico y recogida por Martha Isabel Arana)

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May 19 2007

Leyendas de Ocotal

Dicen que don Jorge Calderón Gutiérrez, poeta, músico, pianista, maestro y experto en minas, es el hombre con más memoria en Ocotal. Con más de 75 años de vida para estas fechas o “75 paquetes bien fumados” como dice él, sus lecciones de historia y sus relatos están llenos de la magia que sólo la experiencia puede brindar. Considero que nadie mejor que él para conocer un poco las tradiciones de ese bello departamento de nuestro país.

“Mi abuelita materna me contaba algunas (leyendas), pero la mayoría de ellas las conocí por boca de la servidumbre. Decían que La Sucia salía en el río, era una mujer gigantesca y huesuda, de pelo largo, que con voz chillona decía a cada rato: ‘Tomá tu teta, tomá tu teta.” Por esa mujer horrible los muchachos no nos bañábamos ahí después de las cinco de la tarde. También dicen que salían el duende rojo y el duende verde, a mí no me apareció ninguno de los dos, jamás, pero a la gente sí, y les siguen apareciendo. Esas visiones nunca van a dejar en paz a nuestra gente, pues surgen a partir de un fenómeno cultural.

Otro par de fantasmas eran el cadejo negro y el cadejo blanco. El negro era maligno, el blanco no. ‘Cuando te salga el maligno —me decían— tenés que darle el lado derecho del camino’. Pero a mí nunca me salió ni la Sucia, ni la Mocuana, ni me amarró a la bestia la Piedra Embrujada de Orosí. Porque decían que en Orosí había una piedra embrujada, a los que pasaban por ahí de noche un ser invisible amarraba las patas de sus bestias con hilos invisibles, y ahí quedaban, no pasaban. Pero yo pasé muchas veces por Orosí y por Intelí donde dicen que salía Diego Izquierdo… y nada.

Diego Izquierdo era un ánima en pena que en forma de luz aparecía en la noche para perder a la gente. Yo iba a pasar mis vacaciones a Santa Bárbara, cerca de Jalapa, y también a visitar a una amiga, eran nueve horas en buena bestia, pasé infinidad de veces por el llano y nada del famoso Izquierdo. Lo que pasa es que a mí desde niño me mandaron a estudiar al Pedagógico de Diriamba, eran cinco días de viaje, había que viajar a caballo, llegar a Condega, después a Estelí, después a El Sauce, de ahí en tren a León, luego otro día más hasta Managua y otro en tren para Diriamba. En el Pedagógico la enseñanza era muy buena, recuerdo que se daba filosofía, sociología, economía, astronomía, raíces griegas y latinas, muy buen francés e inglés. Los hermanos eran de avanzada, recuerdo a los curas Esteban y Manuelino que me enseñaron que esos aparecidos no existen, ni siquiera existe el diablo. Pero eran bellas esas leyendas y quedaban como parte de un folclor encantador. En la noche, como no había luz eléctrica, nos alumbrábamos con fogatas en la calle. Fue una revolución asombrosa la aparición de las lámparas de carburo. Lo usual era recogerse a las ocho de la noche, y entonces, desde las seis de la tarde, comenzaban las consejas. Las cuentacuentos eran, la cocinera, la planchadora y mi abuelita, porque en la casa dormía toda la gente… Claro, a mí como niño no dejaban de asustarme con esas cosas, pero entre el gusto y el susto ahí estaba oyendo, parando bien la oreja, aunque después mi tío José me repitiera que esas cosas no existían… Eran sabrosas esas tertulias familiares.”

Historia de D. Jorge Calderón, fragmento de “Las remembranzas ocotaleanas de don Jorge Calderón Gutiérrez” Mario Fulvio Espinosa
La Prensa, 28 de abril, 2002.

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