Archive for the 'Cuentos y leyendas de Estelí, Madriz y Nueva Segovia' Category

Dec 13 2009

Los misterios de Piedra Chorreada

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“La Piedra Chorreada es un sitio natural donde los habitantes de la Comunidad de Cofradía tienen la creencias que habita un duende.  En el mismo lugar existe la Cueva de La Lechuza y se cree que quien la ve, se muere. También se dice que cerca de la Cueva habían frutas y que la persona que las comía se perdía.”

Esta leyenda, fotos e historias de Cueva El León, la Mocuana, de Apaquis y los Duendes pueden ser leidas en Nortenica

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Nov 24 2009

El primer hombre y la mujer de Tisay

Los ancianos indígenas campesinos de las montañas del Tisey y de Apaguají me relataron cómo habían formado al Primer hombre y a su mujer, según les contaban sus abuelos. Dijeron ellos que, hacía muchísimos años, mucho antes que hubiera gente sobre la tierra, vivía en lo más espeso del monte un viejito solitario que se preparaba él mismo la comida. Que un día no teniendo nada que hacer y sintiéndose muy aburrido, tomó una masa dura de maíz que le había sobrado después de haber hecho sus tortillas, y la reblandeció con sopa de frijoles y miel de jicote que tenía guardada en una jícara.

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Con esta masa reblandecida y ya suave hizo dos pequeños muñecos como del tamaño de una cuarta. Y que como se doblaban al ponerlos de pie, dispuso reforzarlos a cada uno con palitos y ramitas, con piedritas y conchitas finas pepenadas de la quebrada que pasaba cerca de su choza de palma. Que también les había metido dentro de las cajitas del cuerpo, una bolita de hule, dos pelotitas de algodón, lodo con chile, aguacate y clara de huevo de jolote, un pedacito de tiesto de comal, bejuquitos, gusanitos de tierra, dos frijoles rojos que estaban tirados en el suelo, popitas, tomates de monte, semillas de ayote, también de achiote y otras menudencias. Que como cabellos había usado pelo seco de maíz que tenía guardado en el cuiscoma. Y que estando así, ya bien rellenados, el viejito quiso forrarlos con unas hojas de tabaco que tenía para sus puros usando como hilo el mismo pelo de maíz. … (continuar leyenda – cuentos de Estelí)

Escrito por Alejandro Dávila Bolaños
Estelí en la Red

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Nov 21 2009

Me salió el cadejo malo cuando regresé a Estelí

Hace 4 años estuve de visita en Pueblo Nuevo en el Departamento de Estelí. En el lugar donde estábamos hospedados había un camino de cemento, un andén, que salía de la casa en que vivíamos, recto hasta la carretera de tierra que va al centro del pueblo.

Paralelo a este andén, de 5 cuadras más o menos, se había construido una carretera de tierra recientemente y ese camino pasa por un antiguo cementerio.  Era Semana Santa y el viernes por la tarde como a las 5 de la tarde, decidí ir al centro con la familia.  La familia se fue a la iglesia en busca de la procesión y yo aburrido decidí tomarme unas cervezas en un bar cerca del parque, cerca de la iglesia.  Pasó la procesión por donde estaba, se terminó la procesión y yo tenía mis 6 cervezas entre pecho y espalda.  Mis familiares me fueron a buscar al bar y nos regresamos juntos al caserío donde nos hospedábamos.

Yo no iba borracho, sino mas bien alegrón y platicón.  Pues llegando a los dos caminos rumbo a casa decidí irme solo por el camino nuevo de tierra y mis familiares se fueron en grupo por el camino del andén. El camino de tierra que yo tomé tiene una bajada a la mitad del camino y en esa bajada es la que está cerca del Panteón de los Ricos.  Precisamente al llegar a la bajada, oí un gruñido fuerte, horrible, exactamente como el gruñido de un león o tigre. Alumbré con mi foco o lámpara de mano en 360 grados de dirección y no vi nada.  No sentía miedo porque soy Católico y siempre cargo conmigo un crucifijo que me dieron en mi grupo de la iglesia y un escapulario que nos impuso un obispo auxiliarar del Bronx, a nuestros grupos de Nueva York. Pues siempre me siento protegido por el escapulario.

Bueno, al subir cuesta arriba del nuevo camino de tierra, el camino va tomando vueltas en zig-zag. En una de esas vueltas en la obscuridad, vi dos ojos encendidos rojos como brasas y la sombra de donde venían los ojos como brasas eran de un pequeño perrito fino, trompudito o con el hocico largo y de colita larga. Muy parecido a zorra o fox de acá de los EEUU, en Vermont.

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Apunté con mi lámpara/foco a los ojos en llamas o perrito, pero el animalito se me desplazaba adelante de mi izquierda a derecha como a la velocidad del sonido, muy rápido y nunca puede atraparlo con la luz de mi lámpara. Casi llegando al caserío y al encontrarme con mis familiares a la unión de los dos caminos, el perrito negro con los ojos rojos de fuego se me desapareció en la obscuridad al oir las voces de mis familiares a mi encuentro.

Al llegar a casa de huéspedes conté la historia del perrito negro que me sorprendió con el gruñido de león y con su moviento rápido en medio del camino. Doña Carmen Benavides, nacida y creada en Pueblo Nuevo me dijo: -” Mi hijo.. lo que te salio a vos por el camino nuevo a la orilla del Panteón de los Ricos fue el CADEJO MALO y Dios te protegió porque el animal no pudo atacarte pues por este caserío el cadejo malo siempre le sale en los caminos a los hombres borrachos y mujeriegos.

Esto pasó en Nicaragua en el 2005, no hace mucho. Pues viví de nuevo en Nicaragua entre el 2003 al 2006 en en tiempo del Presidente Bolaños.  La señora que nos dio hospedaje en Pueblo Nuevo me contó también que ese mismo año se le metió una mona a la media noche y no supo como entró pues toda la casa estaba cerrada.  Ella vivía allí con su dos hijos pequeños y la mona chillando en su dormitorio brincaba de cama en cama y de su sala al dormitorio, hasta que abrió la venta y por allí se salió. Yo dormí en la sala de esa casa y sentí que me tocaban las piernas.  Otro día por la noche en esa misma casa llegaba un animal que resbuznaba como mula o como caballo pero bien feo y se ponía el sonido cerca de la ventana por donde supuestamete salió o se metio la mona. Cosas extrañas que pasan en Pueblo Nuevo.

(Historia narrada por Toño, residente de Vermont y recogida para Nicaragua de mis recuerdos por Martha Isabel Arana).

Dibujo de el Cadejo tomado de Commons.wikimedia.org/M. Orlando Callejas

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Jul 31 2009

El lamento de La Mocuana

Agradezco a Ricardo Muñoz José de Galería de las Letras, por regalarme el honor de apoyar uno de mis escritos y publicarlo en su blog, mágico espacio lleno de historias y poemas conmovedores con diferentes acentos. El señor Muñoz además ha ilustrado mi texto con “Angustia”, del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros logrando un renovado impacto en nuestra leyenda.

Escrito por Martha Isabel Arana

La pérdida súbita de su inocencia caía sobre ella más fría y pesada que la oscuridad de la cueva que la amortajaba. El derrumbe de las piedras en la entrada aún resonaba en el esqueleto de su alma, como campanas que demasiado tarde le advertían del gran error que en nombre del amor había cometido. Silenciosa meditaba sobre el maldito y bello momento que conoció al blanco conquistador que con sus ojos claros como el cielo del Valle de Sébaco, y el cabello tan rubio como el oro que guiaba su destino, había hecho de ella un simple objeto de placer.

Acababa de ser enterrada en vida por el hombre que amaba. Había sido cruelmente engañada por aquél que la había convencido para que confiara en él y le contara el secreto del lugar donde el cacique, su padre, guardaba el tesoro que pertenecía a esta región esteliana. Generosa, lo había guiado hacia el lugar ambicionado y al obtener las riquezas, el ingrato había partido, dejándola muriendo de dolor, perdiendo poco a poco el juicio con cada lágrima de desesperación que derramaba por él.

Su padre se lo había advertido. Los blancos no se habían resignado con los regalos de oro que al principio de su llegada él les había obsequiado. Lo había notado en la codicia que se dibujaba en sus brillantes ojos al apreciar el precioso metal. Lo había adivinado en la lujuria que traicionaba sus miradas al contemplar a las jóvenes mujeres de la región. En su encierro, la hermosa india no le temía a la oscuridad y al silencio. Había crecido corriendo en los cerros, disfrutando el agua fresca de los ríos, jugando en la montaña. Encontrar la salida de la cueva no era su problema. Era otra clase de oxígeno el que su ser necesitaba. Había traicionado la confianza de su padre, había perdido la luz tierna de esos ojos que tanto amaba, y sospechaba que en su vientre una nueva vida comenzaba a latir.

Cuenta la leyenda que la actitud de su amante y su sentimiento de culpa provocó que ella perdiera la razón. Otras versiones de esta historia aseguran que fue el cacique enfurecido quien la encerró en la montaña, condenándola a un castigo eterno a pesar de conocer su estado de preñez. Sea cual fuere la triste situación, desde aquel momento la bella joven se convirtió en la Bruja de la Mocuana, espanto temido en toda la región. Se rumora que invita a los hombres que recorren los caminos a seguirla hasta la cueva, y ellos, seducidos por su negra y larga cabellera y su hermoso cuerpo no pueden declinar la invitación. Otros aseguran que se roba y asesina a los recién nacidos, y como pago por su delito deja a los padres del niño algunas pepitas de oro como un recuerdo macabro de su infortunio.

Escrito por Martha Isabel Arana

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Nov 20 2008

La leyenda de la Carreta Nagua (Nahua, Náualt)

La carretanagua, sale en las noches oscuras de mi pueblo, sembrando terror entre los asustados vecinos que aunque no la ven, escuchan su infernal paso por las antiguas calles de la ciudad.

Dicen que al llegar a las esquinas se esfuma, que no dobla, más bien vuelve a aparecer despacio anunciando una muerte segura en la calle que sigue. Los valientes que se han atrevido a espiar su paso desde la oscuridad de las sombras afirman que va conducida por la Muerte Quirina. Otros insisten que nadie la guia, más que un par de bueyes flacos y huesudos. Va buscando víctimas y carga eternamente las almas en pena de las personas que gozan haciendo el mal de sus vecinos del barrio con sus chismes, maldades y venganzas.

“Por las noches en el silencio de los caminos solitarios se oye pasar la misteriosa carreta. Los perros y las personas que se atreven a ver aquella carreta nagua quedan con fiebre del tremendo susto de la aterradora visión. Algunos pierden el habla por varios días y hasta se han mencionado casos de muertos por oír el ruido del chirriante paso de la carreta. Doña Julia, habitante del Municipio de Jalapa, Nueva Segovia dice que un día vio una carreta inmensa y en ella dos pasajeros quirinas que llevaban una vela prendida en cada mano. Sus cabezas estaban cubiertas con capuchas blancas, según ella eran las animas del purgatorio. Los dos pasajeros solo decían ‘reza por mi alma’ una y otra vez. Doña Julia no aguantó, dice que la vista de le nubló y perdió el conocimiento. Recuerda que los siguientes días fueron terribles para ella debido a la terrible fiebre y por varios días perdió la voz.” (Visto en El país que se nos va)

Otras versiones:

La Carreta Bruja o Carreta Chillona ( Leyendas de El Salvador)

La Carreta sin bueyes (Leyendas de Costa Rica)

Foto: www.manfut.org

Otra versión:

La carreta es un medio de transporte que fue introducido por los españoles a Nicaragua en el tiempo de la Conquista. En ella llevaban a los indígenas para venderlos como esclavos o hacer trabajos duros. Generalmente se los llevaban en las noches, ante el horror de sus familias que sabían que no volverían a ver a sus seres queridos. Los indígenas le tenían mucho miedo a la carreta y la relacionaban con la muerte.  Se cree que de este terror nació en Nicaragua la leyenda de la Carreta Náhualt o Carreta Nagua. Náhualt es la lengua azteca que se hablaba en México y América Central en el tiempo que vinieron los españoles.

Las personas de los pueblos dicen que la Carreta Nagua se escucha pasar en las noches, en el silencio de las calles y generalmente en abril.   Cuando va pasando, todos los perros comienzan a aullar como lobos. Da un escalofrío en el cuerpo, desde la nuca hasta los talones de los pies como si uno se quedara paralizado de miedo.  Empieza la persona a temblar de miedo y se queda prendida en calentura, débil y en shock mirando como la carreta se va alejando entre la neblina. Los curiosos que han logrado verla caen gravemente enfermos con fiebre y mueren a los pocos días. Dicen que solo los recién nacidos y los que están a punto de morir parecen ver el espanto.

La gente que la ha visto dice que la Carreta Nagua va manejada por dos bueyes flacos como esqueletos y otros aseguran que va sola, que nadie la lleva. La guía la Muerte Quirina que va vestida con un sudario blanco y una guadaña en el hombro derecho. Lleva en la carreta las almas de todos los curiosos que se asoman a verla para vender despues sus almas al Diablo. En el silencio de las noches se escucha que va pasando en las calles de piedra, toda vieja y floja, con una ruedas que están a punto de quebrarse y que suenan como huesos pegándose unos con otros. Dicen que es horrible y que a los lados de ella van unos esqueletos caminando con unas candelas en la mano. Si estos esqueletos se encuentran con alguien que anda en la calle, le entregan la candela y cuando éstos han pasado, la persona que le dieron la candela descubre con horror que lo que tiene en la mano es un hueso, no una candela. La carreta no cruza esquinas en cruz. Cuando llega a una esquina, retrocede o desaparece y vuelve a aparecer más adelante.

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Testimonio:

Allá en Telica, sobre el camino que va de León a Chinandega, se oye mucho pasar la carreta nagua y doña Jacinta ya se las conoce todas a la bendita carreta, según sus propias palabras, pero su susto más grande nos lo evocó con escalofrío:
“Yo estaba solita, íngrima, ya eran las once e a noche y Chon todavía no había llegado. Yo sabía que el vendría temprano a la casa porque había ido a la vela de la agüela de Chilo. Estaba yo pensando que era tarde, cuando de pronto oí un estrépito, los perros aullaban, las gallinas cacareaban, los animales estaban asustados. No había luna y las calles oscuras, oscuras. Yo temblaba pero al fin de cuentas decidí asomarme a ver lo que pasaba. Entonces agarré valor y salí. No ví mas que una inmensa carreta y pronto perdí el conocimiento, la vista se me nubló y caí privada. Al día siguiente todavía tenía calentura y pasé dos días sin poder hablar, el sonido de la vos no me salía. Eso le sucede a las personas que ven esa carreta. Dicen que esos pasajeros que llevan una vela prendida en cada mano y con la cabeza cubierta con una capuchas blancas, son las ánimas del purgatorio que andan penando…” – Tomado de Cuentos y leyendas nicaragüenses


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