Archive for the 'Cuentos y leyendas de Boaco, Chontales y Matagalpa' Category

May 20 2007

El burro de la piedra de Cuapa

Entre los recuerdos más lindos de mi niñez, están las canciones y los cuentos que me contaba mi mamá cuando viajábamos por carretera a algún departamento de Nicaragua.

Como en aquellos tiempos no se acostumbraba usar cinturones de seguridad, ni asientos especiales para niños, uno de los placeres más grandes para mí era pasarme al asiento delantero para sentarme en las piernas de mi mamá y escuchar sus historias de monos bajando de la montaña, o duendes ladrones de muchachas.

Este último me lo contaba cuando viajábamos a Juigalpa, su ciudad natal. Cuando pasábamos por “la piedra de Cuapa”, monolito famoso en el Departamento de Chontales, ella me lo señalaba y me decía: “allaaaaá está el burro… ¿lo ves?” Y me empezaba a contar que hacía muchos años, unos duendes se enamoraron de una muchacha, y no la dejaban en paz en todo el día, escondiéndole las cosas, jalándole el pelo, tirándole piedritas. Ya ni ella, ni su familia los aguantaba. Eran tan traviesos que un día se robaron un burro que ellos tenían y cuando lo buscaron, lo miraron encaramado en la piedra de Cuapa. La señora desesperada hizo un trato con ellos. Acordaron que si ellos le bajaban el burro, ella les regalaría a su hija. Cuando los duendes le bajaron el burro, la señora no cumplió su parte del trato. Los duendes empezaron a molestarlos más. Se volvieron insoportables, era imposible seguir viviendo allí.

Para no hacer largo el cuento, la familia decidió huir de aquel infierno. Así que empacaron sus pertenencias, cargaron al burro hasta el copete de chunches (lleno de cosas), y sin mirar atrás se pusieron en marcha. A mitad del camino, se dieron cuenta de que se les había olvidado unas cosas, y se disponían a regresar para buscarlas, cuando de repente oyeron unas vocecitas que les decían desde detrás del burro… “¡no! ¡si aquí traemos lo que se les había quedado!” ¡Y qué susto el de la pobre gente! No eran más que los benditos duendes que venían detrás de ellos… ¡que va, si de esos bandidos no se capea nadie tan fácil! (He escuchado diferentes versiones de esta leyenda, pero esta fue la forma que me fue contada)

Foto: El monolito de Cuapa. Esta y otras fotos de Nicaragua pueden ser vistas en USLatino

Revisión 10/7/06

“El mito del monolito A pesar de la modernidad de estos tiempos, algunos habitantes de Cuapa y de los alrededores de La Mica creen en los mitos y leyendas que se han transmitido por generaciones. Entre estas leyendas están las historias del cadejo, la cegua, los pactos que hicieron algunos lugareños con el diablo y jinetes misteriosos. Aunque la más famosa de todas es la de los duendes del monolito de Cuapa, un macizo que puede divisarse y ser visitado por los turistas en la entrada de esta ciudad y, además, uno de los más imponentes del país. Según el historiador Lazo Barberena, sobre este monolito, conocido popularmente como “la piedra de Cuapa”, los pobladores cuentan que vivía un matrimonio que procreó a una hija muy bonita llamada Florita, quien, al llegar a la adolescencia, comenzó a tener problemas con los duendes que habitaban en la piedra, pues se enamoraron de la jovencita y se la querían llevar. Los duendes causaron destrozos en la casa de la familia. Antes de “robarse” a Florita, los duendes se habían llevado un burro, propiedad de don Pablo, papá de la jovencita. ” Mercedes Sequeira, La Mica Sitio Precolombino, La Prensa 26 de febrero, 2006.

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May 19 2007

Las leyendas del Quizaltepe

En San Lorenzo, municipio del departamento de Boaco, se levanta el imponente monolito de Quizaltepe, uno de los más grandes de Nicaragua, cuya belleza y misterio encanta a las personas que se atreven a explorarlo.

“El agricultor Cecilio Solano, de 35 años, afirma que en los alrededores del cerro se cuentan muchas historias sobre duendes, apariciones, espantos y del mismo diablo, así como el canto de un gallo de oro, durante la noche. De igual manera, su papá, don Cándido Solano, asegura que en tiempos de su juventud, cuando tenía unos 14 años, un grupo de sacerdotes salesianos de Granada, subió al cerro a poner una cruz, desde donde se levantaba una gran bola de fuego y dos años más tarde, cayó un rayo en mitad de ella, haciéndola desaparecer.

El poblador de la comarca Quizaltepe, Melecio Mejía Flores, coincidió en afirmar que existen varias leyendas sobre el cerro, como el día en que una profesora del lugar y sus alumnos, divisaron en la punta, una docena de niños pequeñitos que caminaban en fila, provocando temor entre los comunitarios, porque de inmediato creyeron se trataba de duendes. ‘Dicen que por el año 1940, llegaron unos sacerdotes a poner una cruz en el cerro y dos o tres años después, durante una rayería de invierno, un rayo desbarató la cruz, lo que hace suponer que en el cerro existe alguna serpiente. Hay quienes argumentan que cuando un rayo cae es porque debe haber alguna serpiente’, reitera esa historia el señor Mejía Flores.

Lo anterior lo confirma al detallar que cuando era joven, su papá, don Isolino Flores Miranda, contaba que en la finca del señor Lorenzo Duarte, que queda cerca del río, vio que la tierra se abría y de ella brotaba lodo y agua en borbollones, que recorrió unas 80 varas desde la montaña hacia abajo, en la misma temporada en que la cruz desapareció, lo cual es considerado por él como algo misterioso.

Otra leyenda que oculta el Quizaltepe, es la supuesta aparición de una extraña luz que, según especulaciones de los lugareños, se trata de una ‘piedra de diamante’, que se desplaza desde mediados del cerro hasta el pie del mismo. Relata don Melecio Mejía que en 1975 se presenció la existencia de una ‘luz de diamante’, similar al foco de una moto, que salía a partir de las nueve de la noche; en otra ocasión el señor Braulio Obando vio el resplandor en el río, que iluminaba como la Luna, entonces salió corriendo a la comarca en busca de otras personas para que lo acompañaran, para agarrarla, sin embargo, durante las tres ocasiones que la logró contemplar, ésta desaparecía en medio de la poza, la que al caer en el agua se escuchaba como una explosión.

En el cerro Quizaltepe hay un hueco que se llama la Cueva del Alumbre, de aproximadamente 80 metros de alto por unos 26 de ancho y 50 metros de profundidad, su interior es bien claro por el reflejo del sol y por las piedras de alumbre similar a la loza, al estar adentro se comienza a sentir una suave brisa que se propaga en todo el lugar, detalla con cierta fascinación el representante de la Comarca de Quizaltepe, Melecio Mejía Flores.”

Fragmento de “El Quizaltepe y sus aguas agrias”, escrito por Auxiliadora Martínez/ La Prensa 15 de febrero del 2004.

Foto: Aceite en canvas: “Cerro Grande” por Mauricio Pérez Sequeira, artista nacido en Chontales, Nic.

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May 18 2007

La leyenda del Cacique Chontal

“Juigalpa, conocida como ‘Tierra de caracolitos negros’, cuenta con leyendas atrayentes para quienes las escuchan. Una de ellas habla sobre el cacique Chontal, líder de los indígenas de esta zona en tiempos de la Conquista, y del que se deriva el nombre de este departamento.

Se dice que era un jefe indio sumamente rebelde, indómito, que no aceptaba autoridad externa porque era extremadamente autónomo. Aunque no hay registros históricos sobre él, y los chontaleños conocen muy poco de su existencia y vida, el historiador Omar J. Lazo asegura que el cacique Chontal fue un guerrero que combatió fieramente contra los españoles, cuando éstos llegaron a estas tierras para conquistarlas.

En esas luchas y cuando ya los indígenas fueron diezmados, Chontal se echó a huir cargando un valioso tesoro. No se sabe tampoco qué contenía ese tesoro. Pudo ser oro, pero otros creen que pudo tratarse de reliquias religiosas, las cuales eran hechas en su mayoría de oro.

Chontal huyó y buscó refugio en la cordillera Amerrique, por su altura y la selva que la cubría. Era un perfecto escondite. Pero no contaba con que los españoles de antaño eran tipos obstinados. Por éstos últimos fue perseguido sobre la cordillera Amerrique. Llegó a la punta más alta de la sierra y, acorralado, prefirió lanzarse al despeñadero antes de ser capturado, tras referir que ‘era un cacique indómito’ Aunque para el poeta chontaleño, Guillermo Rothschuh Tablada esa versión no es tan realista por cuanto no hubo un testigo ocular en aquel tiempo. ‘Tengo mis reservas’, reiteró el poeta Rothschuh; sin embargo, afirmó que la etnia chontal fue la que predominó en el departamento.

El campesino Santos Leiva, de 38 años, quien habita con su familia desde hace siete años en la finca ‘Quinta Regina’, contó que todos los años, durante Semana Santa, se divisa una misteriosa luz que se apaga y se enciende, desde la peña de la que se lanzó Chontal, conocida ahora como la Peña del Cacique. Aunque aseguró que el fenómeno no lo asusta, ya que podría tratarse de personas que llegan hacer fogatas para en ese tiempo. También explicó que en esa peña existe una cueva sin fin, puesto que turistas han intentado dar con el fondo del abismo, pero les ha sido imposible.”

Mercedes Sequeira
“La caída del Cacique”
La Prensa, 18 de mayo, 2003


Foto y más información de Chontales: Latinoamerica-online

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May 17 2007

El Cadejo Blanco de la comarca Las Pozas

“Hola gente linda, nuevamente aquí para contarles una historia sucedida en mi linda comarca Las Pozas. Corría el año 1980 y para ser más exactos el mes de octubre. En estas comarcas lejanas se acostumbra visitar a las amistades por las tardes cualquier día de la semana, esto debido a que son lugares alejados del pueblo y como se los comenté en días anteriores, eran comunidades sin energía eléctrica y bueno, sin energía no hay nada de televisores, mucho menos un cine. Las personas protagonistas de la siguiente historia son tres: una de ellas resulta ser mi abuelita, llamada Máxima Centeno Centeno. Procreó 12 hijos y entre ellos mi Santa Madre de nombre Reina Epifanía Centeno. En ese tiempo, sólo le quedaban 2 solteros, mi Tía Brenda y mi Tío Noel. Mi Tía Brenda (segunda protagonista) era pretendida por muchos solteros de la comunidad, pero la única manera de conversar con ella y muchas muchachas era ir a esperarlas que llegaran a traer agua a un pozo, construido por mi difunto abuelo. Una tarde de esas preciosas del mes de octubre, un muchacho de nombre Carlos Mairena (tercer protagonista) y de una buena familia dueña de ganado y caballos, se acercó donde mi tía llenaba su tinaja de agua. Montando su caballo bayo llegó, se bajó y le dijo:
“Hola…Señorita Brenda, ¿cómo está?”
Ella respondió “muy bien Carlos y usted?”
“Yo bien” le dijo él, “quisiera saber si la puedo acompañar a su casa?”
“Claro” dijo ella, “solo que mamá es muy celosa y delicada con los que me pretenden.”
Dijo Carlos, “Oh… pero yo no le tengo miedo ni al cadejo, mucho menos a su mamá.”
“Así?” respondió ella, “bueno recuerde que mi mamá no será tan peligrosa como el cadejo pero si es muy enojada.”
Pero lo que mi tía no sabía era que Carlos andaba con una botella de “Cusuza” entre pecho y espalda, por lo tanto se sentía con mucho valor el hombrecito. “Bien” dijo mi tía “mejor llegue dentro de una hora para que hable con mamá a ver si nos da permiso de platicar” “Está bien llegaré,” dijo Carlos. Dicho esto, se montó en su caballo y se fue para donde Doña Tana a tomarse otro waspirolazo de cusuza para agarrar valor. Como a las 7pm se apareció donde mi Abuelita Máxima, más conocida como “Doña Manchita”. Llegó rayando su caballo…
“Buenas Noches Doña Manchita” -dijo Carlos
“¡Buenas Noches Don Carlito!, pase adelante…está en su casa” dijo mi abuelita.


Ella estaba sentada en un viejo taburete de madera forrado con cuero crudo de ganado, escuchando las noticias en el viejo radio receptor marca “National” ¿lo recuerdan esos radios? Bien. Carlos se bajó del caballo, lo amarró a un árbol de tigüilote y se sentó. “¿Como está su familia?” dijo mi abuelita. “Muy bien, gracias” respondió Carlos. Bueno, siguieron conversando, le ofrecieron el acostumbrado cafecito con rosquillitas y empanaditas rellenas con cuajadas y dulces. El guaro empezaba a bajársele a Carlos y nada que se animaba a pedirle permiso a mi abuelita para platicar con mi tía. Se hizo bien noche, los perros empezaron a ladrar y Carlos ya casi bueno, sin guaro y con síntomas de goma, pensando en el viaje a su casa que estaba más o menos a 10 kilómetros de allí, dijo: “¡bueno Doña Mancha! me tengo que marchar.” Le dijo mi abuelita “¡quédese y se va por la mañana!, ese camino puede ser peligroso más con eso que se dicen del Cadejo blanco.” “No Doña Mancha, mejor me voy; gracias por todo, hasta otro día…” mi abuelita le dijo “bueno Carlito, que Dios lo acompañe”. Se montó a su caballo, la luna estaba como si fuera de día, clarita. Para llegar a su casa, Carlos tenía que pasar por las cercanías del cementerio. Carlos pensó “me tomaré unos tragos donde doña Tana, aunque a esta hora no creo que me venda guaro, ya casi son las 12 de la noche…pero lo intentaré.” Pasó por la vieja casa de doña Tana, la despertó y por una ventana le compró una botella de cusuza, con un manguito célequito, agarró la botella se la empinó casi toda…montó su caballo y siguió su camino. De repente, escuchó unos pasos, volteó hacia atrás cuando miró venir un animal blanco de la estatura de un perro. Carlos pensó que debía ser un perro. En un segundo lo tenía a la pura par de él…pero ya la botella lo tenía mareado. Se hizo de lado izquierdo para tocarlo con su mano y no le pudo tocar nada, parecía una oveja de esas que parecen puro algodón, hasta ahí. Comenta que no se acuerda de nada más. Cuando se despertó estaba en el cementerio acostado sobre una tumba y eran las 4 de la mañana. Se levantó desconcertado y con aquella goma, temblado del miedo y el frío, salió al portón de madera y su caballo estaba amarrado al poste principal de la entrada al cementerio. Muchas personas en ese momento pasaban por el lugar en sus caballos con rumbo a la ciudad de Sébaco. Ellos vieron que algo le había pasado. Cuentan estas personas que estaba pálido, sin habla, en un solo temblor. Los campesinos lo ayudaron a montar a su caballo y lo pasaron dejando por su casa. De pronto estaba con fiebre de tercer grado y muriéndose también de la goma. Los padres, familiares y amigos esperaron hasta dos días después que se recuperó para darse cuenta de lo ocurrido. El bonito final de esta historia es que Carlos Mairena se casó con mi Tía Brenda. Hoy en día son padres de cinco hijos. Mi abuelita Máxima, más conocida como “Manchita” aún Dios me la conserva con vida, es la única abuelita que me queda. Agradezco su atención a está historia, muchas gracias.”
Atentamente, Freddy Sequeira Centeno

Muchas gracias amigo, que interesantes relatos tiene tu familia. Es una hermosa herencia cultural que vale la pena recordar y contar una y otra vez para que se conserve intacta.

(Versión tomada directamente de Freddy Sequeira Centeno y recogida por Martha Isabel Arana)

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