Archive for the 'Cuentos y leyendas de Boaco, Chontales y Matagalpa' Category

May 21 2007

Los cuentos de Don Mariano

Un caballo cadenero y una vaca cachona es lo que asegura don Mariano Escorcia Pineda vio en su juventud, durante alguna noche fresca en las décadas pasadas de San Ramón, pueblecito al norte del departamento de Matagalpa.


Don Mariano nació en 1927 e insiste que tiene edad suficiente para conocer algo de lo que usted quiera saber. …“A mí me contaban que en San Ramón, después que todo el mundo cerraba sus puertas y apagaban sus candiles, se escuchaba en la calle principal el relincho de un caballo que al galopar arrastraba unas cadenas, la gente valiente se asomaba y no miraba nada…En cierta ocasión que alquilé una casa sobre esta calle, en tiempos de la primera ‘Reina’, yo lo comprobé. Una noche oí que ese caballo se metía en mi solar, escuché como que se sacudían las cadenas cuando le quitaban la albarda… pero cuando me asomé no había nada… Era un fenómeno invisible, sólo se oía el resoplido del caballo y el sonar de las cadenas al ser arrastradas.

¿Y qué me dirá de esta otra? Yo tenía una mi novia aquí y venía a verla desde una finca que teníamos en Guadalupe, a unos siete u ocho kilómetros de San Ramón. Resulta que una vez iba para la finca como a las doce de la noche montado en mi bestia. Pero en un lugar que le dicen La Cascajera me sale una vaca, una vaca enorme de tamaño pero más enorme de cachos, cada cacho tenía aproximadamente un metro. Yo vi rara a la vaca porque me miraba con odio, entonces con la rienda la amenacé y vi que ella cabeceaba para embestirme, saqué mi pistola y le iba a pegar un balazo, pero reflexioné: ‘Hombre —dije—, puede ser que esta vaca tenga dueño.’ Vengo y busco como pegarle otro cohetazo y la vaca se va, brinca un potrero y desaparece, pero más allá, como a medio kilómetro me aparece otra vez. Platicando después con unos señores de la misma Guadalupe me dijeron: ´Hombré, es cierto, si esa vaca a mí también me salió, yo vi también esa vaca, es cachona y así, así y asá.”

Relato de D. Mariano Escorcia es un fragmento de “Los cuentos de don Mariano y el incrédulo de don Beto” escrito por Mario Fulvio Espinosa

La Prensa, 19 de octubre del 2003

Foto: Finca Esperanza Verde

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May 21 2007

Pozas misteriosas

Teniendo mi país un clima tan caliente, no hay nada más delicioso que encontrarse en el camino con alguna poza fresca, refugiarse en sus aguas, y protegerse en ellas del inclemente sol, especialmente cuando algún chilamate cubre con su tupido follaje a los acalorados bañistas.

Al igual que los lagos y las lagunas de Nicaragua, las pozas también encierran sus misterios, y sobra quien quiera contar alguna experiencia extraña ocurrida mientras disfrutaba un buen chapuzón en la soledad de estos pintorescos parajes.

La Poza del Gallo

Esta leyenda de la Isla de Ometepe la he conocido de diversas fuentes. La escribo aquí, tal y como la he leído.

“Dicen que cuando la gente pasaba por el río El Tistero salían espantos, entre ellos un gallo precioso colorado. Aparecía cantando a las 12 del día y a las 12 de la noche. Los transeúntes se quedaban extasiados viendo al hermoso animal que llevaba un mecate largo amarrado a la pata. Todo el que seguía al gallo con intenciones de llevárselo, cuando estaba por alcanzar el mecate, daba un salto y de salto en salto llegaban hasta una poza y en ella desaparecían. Desde entonces, se le conoce como la Poza del Gallo, situada en el río Istián vecino al Tistero. Dicen que todavía se escucha un gallo que canta en la poza a la misma hora.”

La Poza Bruja
La Prensa 30 enero, 2005
María José Bravo (q.e.p.d.)

“En la comarca de Tierra Blanca (Chontales, Juigalpa), exactamente en el área de la finca San Sebastián, resalta la belleza de la famosa Poza Bruja, cuyo nombre según los habitantes obedece a que en sus cristalinas aguas se forma un remolino, apreciándose en el fondo a una jovencita lavando. Pero también algunos parroquianos cuentan que el misterio se debe a que todo el que se acerca a la poza se refleja en las aguas como enanito, hecho que no se explican. Pese a los misterios de la Poza Bruja, los turistas hacen caso omiso y se refrescan sin temor alguno en sus plácidas aguas.”

El recientemente descubierto Cañón de Somoto tiene alrededor de 8 pozas que estoy segura son un manantial fresco de historias, recuerdos y cuentos misteriosos. Espero leer pronto más acerca de esta región, aunque ya escuché por allí, para empezar, que algunos campesinos han empezado a contar sus vivencias. Cuentan entre otras cosas, que algunas veces han tenido que salir huyendo atemorizados porque cuando se bañan en estas verdosas aguas, sienten que algo les agarra el cuerpo y por más han tratado de averiguar, nunca han logrado saber qué es.

(Foto enviada por Verónica de Mina Bonanza -Río Aguas Claras)

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May 21 2007

Los famosos duendes de Boaco

Boaco es uno de los departamentos más pintorescos de Nicaragua. Con su vegetación hermosa y espesa, misteriosas cuevas, formaciones rocosas, petroglifos de origen incierto, y pobladores llenos de imaginación e ingenio, cuenta con todos los elementos mágicos necesarios para ser cuna de famosas leyendas y extraordinarios cuentos. En efecto, por ejemplo, los boaqueños no pierden oportunidad para hablar de sus encuentros con pequeños duendes quienes por generaciones se dice aparecen en las laderas de los cerros, las orillas de los caminos, las cuevas, y hasta los barrios de este hermoso lugar.

“Los duendes eran unos muchachitos así, pequeñitos, de cotoncita y gorrita roja” se apresura a contar don Toñito García quien vive en Santa Lucía, municipio de Boaco. “son muy traviesos, le tiraban piedras a uno, le tiraban agua en la cara, pero un día desaparecieron… Creo que se fueron para otro lugar. Una vez los vi desde dentro de la casa. Estaban los dos en este portón. Para mí que eran como chavalitos con caras de viejitos y parecían hambrientos. Cuando me vieron salieron por ahí enfrente y se fueron. Otros de por aquí también los vieron, dicen que eran enamorados de las chavalas, pero eran muy celosos, y cuando ellas se ponían a jalar ellos se iban. No volvían. El gusto de ellos era volar piedras. A veces eran mañosos, pero si robaban eran cosas pequeñas, porque por ejemplo un chancho era un animal muy pesado y no se lo llevaban, pero sí, como le digo, las gallinas, los huevos y otros alimentos.”

Afirma otro lugareño, don José Urbina: “En las cuevas existen los duendes, han sido vistos en esos lugares, salen a las casas vecinas a molestar, si encuentran algo de comida en los cocineros se la comen, y dejan los pequeños pies pintados en la ceniza, además, si en la casa hay alguna chavala llegan a tirar piedrecitas sobre el techo, son bien enamorados…. para que los espíritus burlones se vayan de las casas, se les toca música con violín; ese es el secreto.”

Historia de Don Toñito García: Fragmento de “De las ceguas y duendes que se vieron en Santa Lucía” La Prensa, 21 de julio, 2002, Fulvio Espinoza García
Historia de Don José Urbina: Fragmento de “En Santa Lucía los encantos de la belleza ’suiza’” La Prensa, 13 de julio, 2003, Auxiliadora Martinez
Foto tomada de
Manfut.org: Los farallones de Piedra Labrada, Santa Lucía, Boaco

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May 21 2007

Las travesuras de los duendes de Chontales

Cuenta Bricelda que “en una finca que se llamaba ‘La Garita’, allá en Chontales que era de mi bisabuela, había una casa bien grande y cuando se estaban echando las tortillas a mediodía se oía que los duendes llegaban a voltearlas mientras estaban en el comal.

Cuando había visita platicando en la sala, dejaban caer piedras en el mero centro de la pieza pero no golpeaban a nadie, solo caían las piedras y la gente asustada se ponía a rezar.

…Ahí mismo en Chontales hay una piedra que se llama El Pedernal. y al lado se encuentra otra más grande, la Piedra del Toro. Allí los duendes subieron un toro para hacer la maldad, porque así son ellos. Les gusta hacer maldad. El toro no se pudo bajar y se murió. Allí quedó pintado en esa piedra.”


Fragmento tomado de “Los duendes”, en Milagros Palma: Senderos míticos de Nicaragua. Editorial Nueva América, Bogotá, 1987.

Foto: “Camino soleado” óleo sobre tela del pintor jinotegano Mauricio Rizo.

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May 21 2007

Hay que bautizar al niño… ¡sino se lo lleva el duende!

En los pueblos de Nicaragua el tema de los duendes es bastante común. Desde que somos pequeños escuchamos historias de muchachas que han sido acosadas por algún duende enamorado, o duendes traviesos que aparecen en los montes y veredas asustando a los campesinos o confundiéndoles el camino. Entre las cosas que se comenta, se dice también que a los niños se les debe bautizar sin demora, si es posible en cuanto nacen, ya que los tiernos que no son bautizados, son presa fácil de estos malos espíritus que vistiendo cotoncitas rojas, caminan en fila india con sus plantas del pie volteadas llevando “a tuto” a la criatura.

Milagros Palma comenta en Senderos Míticos de Nicaragua algunas de estas creencias:

“En Monimbó se dice que nunca hay que dejar a un niño solo, porque los duendes se lo llevan a la montaña para volverlos como ellos si no ha sido bautizados. En muchos lugares se oye decir que los duendes pierden en las montañas a los niños sin bautizar…Sólo los pequeños y los mudos ven a esos espíritus y entonces lloran de una manera extraña.

En Chontales, entre las fincas ganaderas los campesinos le temen mucho a los duendes. De aquella región es Bricelda que pasó toda su infancia en uno de esos grandes dominios. Ella conoce anécdotas de verdaderos encuentros que su papá y su madrina tuvieron con los duendes. Estas son sus propias palabras: ‘Cuando yo estaba tierna mi abuelita me cuidaba porque decían que a los niños sin bautizar se los llevaban los duendes. Ellos se los sacaban de su propia casa al menor descuido de la mamá’.” (Tomado de Los Duendes, Editorial Nueva América, Bogotá, 1987)

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