Dec 13 2009
Moyoa, la laguna encantada
“Aquí fue Sébaco viejo… se perdió por castigo divino”
Esa ciudad, era un lugar corrompido. Sucede que llegó un viejecito que tenía la piel como con escamas, pidiendo agua y nadie le quiso dar. Uh… le decían, por donde pasaba, esta agua nos cuesta. Recorrió todo el pueblo y al final, se encontró con una viejecita y le pide agua.
Corrió la viejecita y le trajo agua en un huacalito. El anciano se echó un traguito y le preguntó:
- ¿Cuántos hijos tenés?
-Uno, le dice ella.
- Lo vamos a esperar, dice el viejecito.
¿Y para qué lo quiere?, le vuelve a preguntar inquieta la viejecita.
- Es que Ud. se va a ir conmigo, le responde.
- Pero mis animalitos y mi casita, ¿cómo los voy a dejar botados?
- No tenga cuidado, adelante se repone, le contesta.
Al rato llega el hijo y le cuenta todo y deciden irse.
El viejecito entonces les dice: Síganme por este cerro (La Chichigua) pero no vuelvan a ver hacia atrás; sólo pueden ver donde ponen el pie, y van a voltear a ver hasta que yo les diga.
El tamarindo de oro
Así después de mucho andar por el cerro, les dice: vuelvan a ver su pueblo. Ellos volvieron a ver y quedaron espantados. Sébaco viejo había desaparecido inundado por las aguas. Encima de ella sólo se miraban nadando felices los patitos. Desde entonces este antiguo sitio es conocido como la laguna Moyoa y lo único que quedó fue una isla al centro donde había una iglesia”.
Esto es lo que nos relata don Genaro, quien asegura que esta playa es encantada, y que en la isla que está al centro de la laguna, hay una iglesia y que al frente de ésta una mina de oro.
“Ésta fue muy visitada por los españoles y los yankes, pero nunca encontraron el lugar del tesoro, pero ahí está. Dicen también que este pueblo era sostenido por la Mocuana, la que hoy vive en un cerro de Sébaco nuevo”.
Los pobladores también dicen que había un gigantesco árbol de tamarindo lleno de hojas de oro, que se encontraba en el centro del pueblo y a él llegaban sus habitantes y cortaban dos hojas de oro cada día. “Las vendían y con el dinero se iban a parrandear y a buscar chavalas para fornicar. Era una Sodoma y Gomorra. Pero cuando la ciudad fue castigada, la Mocuana desapareció” comenta don Genaro.
Este y otros relatos de don Genaro fueron publicados en END 12/02/2004






