Archive for the 'Cuentos migrantes' Category

Mar 02 2010

Los duendes que no emigraron

Escrito por Martha Isabel Arana

Un poco desorientada por los ojitos curiosos de los sobrinos ya grandes y los nuevos vecinos que llenaban de alegría las calles de su antiguo barrio, buscaba consuelo en los recuerdos del último día que estuvo en su tierra, añales atrás.   La mañana aquella bonita y fresca que quedó para siempre grabada en su corazón.  El día aquel que salió con una maletita vieja y una caja de encargos olorosa a quesos  y pinolillo para los parientes lejanos que le habían enseñado a querer pero que jamás había visto. Recordaba la inocencia con que marchó al norte, pensando que en los Estados Unidos no habría cafe, ni frutas, ni panes porque la gente que regresaba no paraba de decir que extrañaba mucho las rosquillas, los jocotes y el cafecito del norte.

Volvía ahora con un corazón cambiado, con los ojos llenos de mundo y con nuevas experiencias limpiamente organizadas en su maleta nueva.  Ahora sabía de computadoras, preparaba año con año sus taxes, leía el periódico on-line y hasta entendía un poco la causa de la caída precipitosa del stock market porque había comentado los eventos en los message boards.  Ya no creía en supersticiones, ni en caminos embrujados poblados de duendes con pies volteados y cotonas coloradas.  Contenía la risa recordando que cuando salió del pueblo se fue preocupada pensando que los duendes se irían con ella, hostigándola, tirándole piedritas y llamándola por su nombre como hacían los chavalos enamorados con las muchachas bonitas.  Despues de todo ¿quién no sabía que el famoso duende de Yalagüina, el que cargaba de flores y le tocaba guitarra a la Juanita Vindell, había emigrado para Honduras? ¿o de los duendes bandidos de Cuapa que se fueron detrás de la mamá de la Florita para ayudarle a cargar la vacinilla en la mudanza? Pero no.  Estos duendes fueron menos aventureros y no se fueron con ella para ningún lado. Jamás los vio en los Estados Unidos, ni siquiera en los barrios de Miami o San Francisco donde abundan los nicas y huele a nacatamales gringos.

Sus creencias fueron tomando un nuevo matiz y aprendieron a hablar un nuevo idioma. Su vocabulario cambio de ceguas, duendes y mocuanas a Weeping ladies, Bloody Mary (con sumo cuidado de no repertir el nombre tres veces frente al espejo en un baño oscuro), leprechaun y haunted houses.  La contaminación eléctrica de su nueva vida contribuyó a que  olvidara con el tiempo  las leyendas de su tierra  donde la superstición era el hábitat natural de los espantos del pueblo y sus extravagantes cuentos de camino.   Se levantó de la mecedora y se lanzó a la noche a recorrer el viejo camino de tierra sin temores ni remordimientos.  No se percató que detrás de un árbol de chilamate, calladitos y sin prisa estaban espiándola otra vez los mismos duendecitos de sus temores de antes.  Allí estaban, con sus piedritas en la mano, afinando sus vocecitas para cantarle historias de amor.  Tan cerquita a ella como su propia sombra, listos para susurrarle que seguían fieles al pueblo y al regreso de ella.  Ansiosos de decirle que la tierra al igual que sus espantos jamás olvida al que emigra.   Allí estaban esperando volver a verla, haciendo alboroto detrás de los ventanales del aeropuerto, esperando ver que les llevaba, listos a que cruzara el umbral mágico de Nicaragua para ayudarle a cargar su maleta.

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Jan 02 2010

El cuento de la toma-tu-teta de los Cedros

Los cuentos son como una especie de enlace mágico que une generaciones tras generaciones. Es muy común en Nicaragua escuchar a las personas decir que entre los detalles que más recuerdan de su niñez, está la imagen del abuelito, abuelita, de la china (la nana), del vecino o la vecina mayor que contaba historias maravillosas que los hacía transportarse a un mundo misterioso y lleno de aventuras.

Carolina Sediles recuerda con inmenso cariño esos momentos en que de niña, su abuelo compartía historias con ella y su familia. “Fijate que mi abuelo se ponía a contarnos a todos los nietos historias y leyendas como la de la Llorona, el Cadejo y esas cosas, pero él no perdía oportunidad para echar a andar su imaginación, contando historias que él se inventó. Era el tiempo de la guerra, época en que nadie trabajaba y estábamos toda la familia, tíos, primos, hermanos, sobrinos, nietos, en fin todos en un solo lugar, un lugar fuera de la ciudad.

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Me imagino que para distraernos y para distraerse él, nos juntaba a todos los chavalos y nos contaba cuentos…que cuentos! y el cuento que pasó a la historia en nuestra familia fue éste: Es como una parodia de la Llorona. Se llama la Toma-tu-teta. Cuenta mi abuelo que había una mujer en Los Cedros (carretera vieja a León, donde viví por muchos años) que le habían robado a su hijo recién nacido. La mujer se volvió loca de la desesperación porque no encontraba a su chavalito y con eso de que las mujeres producen leche materna y se le agrandan los pechos a causa de la leche, pues la mujer entre el dolor de no encontrar a su hijo y el dolor de los pechos que era insoportable, se volvió loca. Lo único que hacía es que cada vez que miraba un chavalo, pensaba que era el suyo y andaba por la carretera llamando a las chavalitos y diciéndoles: “toma tu teta…toma tu teta…toma tu teta” con los grandes pechos de fuera y haciéndolos tomar la leche de sus pechos. Bueno la historia yo trato de contarla lo más decentemente posible, pero mi abuelo no reparaba en usar las palabras que normalmente usaría un nicaragüense mal hablado. El asunto es que esa historia era el último cuento de la tarde y sólo se levantaba y salía corriendo y diciendo, corran, corran que ahí viene la tomatuteta! y salíamos todos los chavalos en guinda para la casa.”

(Versión tomada directamente de Carolina Sediles y recogida por Martha Isabel Arana)

Este cuento tambien fue publicado en La Prensa Literaria.

Fotografía tomada en el Museo de Mitos y Leyendas de León.

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English Version:

This is the tale of the “Take-your-teat” from Los Cedros (The Oaks)

Tales are something like magic links that connect generations through generations. It is very popular here in Nicaragua to hear people saying that among all the details that they remember the most, they are from their childhood. They are the memories of the grandpa, the grandma, the nanny, the older neighbors, that would tell amazing stories that would make them travel to a mysterious worlds full of adventures.

Carolina Sediles remembers with great affection those moments as a little girl when her grandpa would share fables with her and the family. Let me tell you how my grandpa used to tell us tales about “the crying lady” (La Llorona), the evil dog and so forth. He wouldn’t miss any opportunity to use his imagination. He would tell us all kinds of stories that he came up with. It was war time. Nobody worked and all the family were together: the uncles, the cousins, brothers, nieces, nephews, grandchildren, everybody in one same place, outside the city.

I think that in order to entertain us or to entertain himself, he would gather all the children around him to tell stories. The tale that passed through history in our family is this: It’s like a parody of the “crying lady” and it was called “the take your teat”. Grandpa would tell us that there was a woman who lived in Los Cedros (The Oaks) in the old road to León where I used to lived for many years. Her new born baby was stolen from her. She got crazy of despair because she couldn’t find her little baby and since women produce milk when lactating and their breast get bigger because of the milk, well, between the pain of her breasts full with milk and the loss of her poor baby she lost her mind, she became demented. All she would do every time she saw a little kid on the street, was to think that, that was her lost baby and she would walk on the road calling them and saying “take your teat! take your teat! take your teat!”, with her big breast hanging out, making them drink from them. Well, I tried to tell the tale in a decent possible way, but my grandpa wouldn’t pay attention to the words he used, like a typically bad mannered Nicaraguan would use. The truth of the matter is that this tale would always be the last one of the evening and he would get up an run after us saying: “run, run because the take-your-teat is coming!” and would run as much as we could into the house.)

Translated by Francisco Jarquín


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Otra versión de esta leyenda, escrita y enviada a Nicaragua de mis Recuerdos por Patricia Salazar:

“Esta joven agraciada, hija de un acaudalado hacendado, era una joven con cabeza grande, una cara amarga como de pocos amigos, unos ojos saltones, una boca bastante pronunciada, una nariz larga y ancha y el cuerpo muy bien desarrollado como el de un hombre; brazos gruesos y musculosos, pelo largo y unas tetas extremadamente grandes. Con todas estas cualidades y a pesar de ser heredera única de la fortuna de sus padres, nunca pudo conseguir un pretendiente, por lo que valiéndose de su conformado cuerpo, salía a las calles y donde encontraba grupos de hombres, escogía al que mas le gustaba, lo agarraba y no lo soltaba y sacándose su hermoso cántaro de miel les decía: “Toma tu teta, toma tu teta, toma tu teta… hasta que les metía el enorme pezón en la boca y cuando ya quedaba satisfecha los soltaba. Cuentan que todavía a Don Pancho, Don Lencho y Pancracio hace poco se les apareció, ellos se quedaron estupefactos de tan impresionante figura, nos dijeron que dijéramos a todo joven que por las noches le gusta salir que no lo hagan, que cuando mire con todo y guaro la Toma teta te va salir.”

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Nov 21 2009

Me salió el cadejo malo cuando regresé a Estelí

Hace 4 años estuve de visita en Pueblo Nuevo en el Departamento de Estelí. En el lugar donde estábamos hospedados había un camino de cemento, un andén, que salía de la casa en que vivíamos, recto hasta la carretera de tierra que va al centro del pueblo.

Paralelo a este andén, de 5 cuadras más o menos, se había construido una carretera de tierra recientemente y ese camino pasa por un antiguo cementerio.  Era Semana Santa y el viernes por la tarde como a las 5 de la tarde, decidí ir al centro con la familia.  La familia se fue a la iglesia en busca de la procesión y yo aburrido decidí tomarme unas cervezas en un bar cerca del parque, cerca de la iglesia.  Pasó la procesión por donde estaba, se terminó la procesión y yo tenía mis 6 cervezas entre pecho y espalda.  Mis familiares me fueron a buscar al bar y nos regresamos juntos al caserío donde nos hospedábamos.

Yo no iba borracho, sino mas bien alegrón y platicón.  Pues llegando a los dos caminos rumbo a casa decidí irme solo por el camino nuevo de tierra y mis familiares se fueron en grupo por el camino del andén. El camino de tierra que yo tomé tiene una bajada a la mitad del camino y en esa bajada es la que está cerca del Panteón de los Ricos.  Precisamente al llegar a la bajada, oí un gruñido fuerte, horrible, exactamente como el gruñido de un león o tigre. Alumbré con mi foco o lámpara de mano en 360 grados de dirección y no vi nada.  No sentía miedo porque soy Católico y siempre cargo conmigo un crucifijo que me dieron en mi grupo de la iglesia y un escapulario que nos impuso un obispo auxiliarar del Bronx, a nuestros grupos de Nueva York. Pues siempre me siento protegido por el escapulario.

Bueno, al subir cuesta arriba del nuevo camino de tierra, el camino va tomando vueltas en zig-zag. En una de esas vueltas en la obscuridad, vi dos ojos encendidos rojos como brasas y la sombra de donde venían los ojos como brasas eran de un pequeño perrito fino, trompudito o con el hocico largo y de colita larga. Muy parecido a zorra o fox de acá de los EEUU, en Vermont.

Cadejo

Apunté con mi lámpara/foco a los ojos en llamas o perrito, pero el animalito se me desplazaba adelante de mi izquierda a derecha como a la velocidad del sonido, muy rápido y nunca puede atraparlo con la luz de mi lámpara. Casi llegando al caserío y al encontrarme con mis familiares a la unión de los dos caminos, el perrito negro con los ojos rojos de fuego se me desapareció en la obscuridad al oir las voces de mis familiares a mi encuentro.

Al llegar a casa de huéspedes conté la historia del perrito negro que me sorprendió con el gruñido de león y con su moviento rápido en medio del camino. Doña Carmen Benavides, nacida y creada en Pueblo Nuevo me dijo: -” Mi hijo.. lo que te salio a vos por el camino nuevo a la orilla del Panteón de los Ricos fue el CADEJO MALO y Dios te protegió porque el animal no pudo atacarte pues por este caserío el cadejo malo siempre le sale en los caminos a los hombres borrachos y mujeriegos.

Esto pasó en Nicaragua en el 2005, no hace mucho. Pues viví de nuevo en Nicaragua entre el 2003 al 2006 en en tiempo del Presidente Bolaños.  La señora que nos dio hospedaje en Pueblo Nuevo me contó también que ese mismo año se le metió una mona a la media noche y no supo como entró pues toda la casa estaba cerrada.  Ella vivía allí con su dos hijos pequeños y la mona chillando en su dormitorio brincaba de cama en cama y de su sala al dormitorio, hasta que abrió la venta y por allí se salió. Yo dormí en la sala de esa casa y sentí que me tocaban las piernas.  Otro día por la noche en esa misma casa llegaba un animal que resbuznaba como mula o como caballo pero bien feo y se ponía el sonido cerca de la ventana por donde supuestamete salió o se metio la mona. Cosas extrañas que pasan en Pueblo Nuevo.

(Historia narrada por Toño, residente de Vermont y recogida para Nicaragua de mis recuerdos por Martha Isabel Arana).

Dibujo de el Cadejo tomado de Commons.wikimedia.org/M. Orlando Callejas

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Jul 12 2009

Los huesos del héroe

Published by Isa under Cuentos migrantes, Varios

Las historias que le dan vida a este blog son famosas.  Ya sea porque por tradición se han venido contando en nuestra tierra a través de los años o porque nosotros mismos, en este pequeño espacio nica,  les hemos dado la autoridad de transportarnos a aquel momento mágico que dejamos abandonado a la orilla del camino cuando la razón y la lógica nos tomaron la mano.

Por estas páginas han pasado muchos cuentos y anécdotas de chavalitos traviesos que en alguna madrugada perdida vieron pasar por su ventana al espanto de antaño.  En esta mi casita además, he compartido humildes recomendaciones de otros sitios amigos, cuyos dueños desbordan sus ideas para beneficio y orgullo de todos.

Nuestra imaginación es tan rica y las experiencias tan variadas  que los nicas hacemos lo que queremos corriendo en esta gran llanura de internet.  Por eso quisiera compartir para que ustedes tambien lo sepan, que la primera novela cibernética nica en formato blog está en plena construcción, aquí cerca, siguiendo este enlace.

Pío Martínez pinta día a día las pálidas páginas de la net con los olores de nuestra tierra y los colores de nuestras costumbres a través de una novela cálida, bien pensanda, con detalles exactos de paisajes y tradiciones.   Líneas ingeniosas  que nos hacen recordar capítulos enteros de nuestra historia con el humor inconfundible del nica y cuyo resultado es una mezcla simpática de curiosos personajes que a lo mejor usted conoce o vio pasar por allí, alguna tarde de domingo.

Pero venga, esta vez  no yo soy la que voy a contar el cuento de “Los huesos del héroe”.  Que se lo cuente mejor Pío que dicen que conoció al burro y quiso continuar la leyenda.    Comencemos desde el principio…

“Don Juan Lemes era un personaje muy conocido y estimado en el Rivas de la primera mitad del siglo veinte. Era don Lemes ─que así era llamado por todos─ un hombre tan rico y poderoso que resultaba difícil creer que su inmensa fortuna la debía a un burro. Quienes escuchaban la historia pensaban que se trataba más bien de una leyenda, pero así había ocurrido en realidad y …”

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May 21 2007

El misterioso doctorcito

Esto le pasó a mi tía-abuela materna: Margarita Parajón De Escorcia. Resulta ser que por los años sesenta ella dio a luz a su último hijo varón que por nombre le pusieron Javier…A los días del nacimiento de Javier, él se enferma gravemente y mi Tía Margarita se vuelve loca y en su desesperación sale corriendo a media noche en las calles de León a buscar a un doctor que la socorra, inmensamente angustiada, ella va a parar a un puente que da camino a un río; y en el cual en medio del puente se le aparece un señor de muy baja estatura, el cual la detiene y le pregunta que es lo que la angustia…Ella le cuenta que su hijo está mal y que ella no sabe que hacer…El le dice que él la puede ayudar, y que lo lleve ante el bebé…Ella confiada lo lleva y él entra en la casa y cuando ve a Javier, lo primero que hizo fue sacar de su diminuto maletín una especie de pomada y se la frotó en el ombligo al niño e inmediatamente él dejó de llorar.

En ese mismo instante mi tía toca al niño y se da cuenta de que ya no tiene fiebre, consecuentemente a eso, mi tía se voltea para darle las gracias al misterioso Doctor con su maletín para agradecerle inmensamente lo que había hecho por su pequeño recién nacido…Pero para su sorpresa el médico de estatura pequeña, que casi parecía un enano, había desaparecido ante sus propios ojos. Jamás en el transcurso de su vida volvió a saber del Doctorcito de baja estatura. Después de lo sucedido mi tía intrigada por la desaparición del señor, empezó a preguntar si alguien había visto con anterioridad al susodicho, para su sorpresa nadie le supo dar razón, lo único que le pudieron decir es que el que le había ayudado no había sido un médico, sino un duende.

(Versión tomada directamente de Patricia  Salazar y recogida por Martha Isabel Arana)

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