Jan 20 2010

Recuerdos de mi niñez

Escrito por Luis José Castro Jerez

19  de enero, 2010

Santo Domingo, R.D.

criarme en un campo rodeado solamente de pocas personas y apenas unos cuantos animales domésticos adquirí un vocabulario muy limitado. Para comunicarme con mi mundo infantil casi no necesitaba de las palabras; me bastaba solamente el uso de mis sentidos para ponerme en contacto con el mundo exterior. Aprendí a escuchar al viento cuando roza las copas de los árboles y a descifrar en su sonido la proximidad de la lluvia y la tranquilidad del atardecer.

Me acostumbré al olor de la tierra cuando la humedece la lluvia, al brote verde brillante de la hierba y al agradable olor de la albahaca silvestre, al olor de la leche recién ordeñada, al crepitar angustioso de la leña que arde, al agradable incienso del humo proveniente del estiércol del ganado que se utilizaba para espantar los zancudos, al olor que produce la fricción de las piedras al chocar, al olor y la textura del huevo recién puesto por la gallina.

Aprendí a reconocer los diversos sonidos y olores de la mañana, del mediodía, la tarde, el anochecer y la noche: el canto del gallo por la madrugada, el mugido de las vacas por la mañana al momento del ordeño, la algarabía de los chocoyos y las chachalacas al atardecer, y la sinfonía transilvana de los pocoyos al caer la oscuridad de la noche.

Aprendí muy pronto en mi niñez a diferenciar el sabor de la sal de los toques ácidos del jocote de venado y del chocomico; el sabor dulcete de los papaturros, el tigüilote, el tapaculos y los muñequitos, del dulce sabor a virgen núbil de la roja pitahaya; y a distinguir entre los sabores balsámicos de la cañafístola y el carao, del sabor dulcete y seco del “siempre hediondo a pata de yanke”, pero delicioso y nutritivo guapinol (el SUSTAGEN natural que Papá Dios nos regaló a los chavalos de los montes).

Aprendí de memoria los sonidos de las aves, el olor y la textura de las plantas del bosque, y el olor a novia pura de las florecillas silvestres.

Tocaban el requinto los grillos y las chicharras la batería… Corrían los años cincuenta y era en mi Nicaragua natal…

(Escrito del Sr. Luis José Castro Jerez recopilado por Martha Isabel Arana/ 19 de enero, 2010)

Foto “El histórico Genizaro de Nagarote” tomada del blog nicaragüenses del Sr. Erwin J. Jiménez Morales.

Para leer más historias de nuestra gente, visite el blog Nicaragua de mis recuerdos: recopilaciones de memorias y vivencias


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