Jan 01 2010

Los cipes de la Paz Centro

Los lugareños, del municipio de la Paz Centro y sus comarcas, creen en los“cipes”, muchachitos panzones con los pies al revés, y comedores de ceniza. Cuentan que en la hacienda “el Diamante” que perteneció al Dr. David Argüello, albacea de Rubén Darío y hoy perteneciente a la familia Reyes Icaza, donde está la planta geotérmica “Patricio Argüello Ryan”, aparecían estos muchachitos.

Dicen, que un mediodía, Panchito, de seis años, hijo menor del mandador de la hacienda, en compañía de unos amiguitos de la misma edad, se alejaron bastante de su casa. Pronto llegaron a un lugar donde había mucha ceniza, producto de madera quemada de días anteriores. Jugaban los niños con huleras, disparando a todo lo que se movía, cuando en eso aparecieron unos niños muy panzones que se juntaron en los juegos con Panchito y su grupo.

Eran los “cipes”, panzoncitos y con los pies al revés que pronto dejaron de jugar y se dedicaron a comer “ceniza”. Viendo esto, los otros niños se burlaban de los “cipes” y les echaban en cara lo que hacían. Los cipes no les hicieron mucho caso y siguieron comiendo ceniza.

Los niños de la hacienda notaron que éstos tenían los pies hacia atrás por lo que dejaron lo que estaban haciendo y salieron corriendo creyendo que eran como los duendes que les harían perder el camino. Al regresar a la hacienda, los padres los reprendieron y les dijeron que si no obedecían les iba a pasar lo de esos niños, que por ser malcriados habían terminado siendo “ceniceros”.

A pesar de las diversas historias que han surgido en torno a los cipes, la más acertada es que son muchachitos de más o menos medio metro de altura, alegres y traviesos que habitan en el monte y que salen en pandilla por las noches para ingresar a las cocinas de las casas y comerse las cenizas que quedan en los fogones. Se dice que de tanto comerla parecen monitos cara blanca, las evidencias son visibles, pues, los trastes y las cenizas amanecen regados por todas partes.

También cuentan las historias que los niños que se pierden en la montaña son encontrados por los cipes, quienes lejos de dañarlos los cuidan de los peligros, los albergan en sus extrañas cuevas y los alimentan con frutas frescas. Se dice que es tan grande el cariño de estos seres que logran crear lazos afectivos con los pequeños antes de ayudarles a encontrar el camino de regreso a casa.

La palabra cipe viene del azteca tzipil, que se refiere a niños malhumorados o celosos por la llegada de un nuevo hermano o por la disminución de atención en el tiempo de lactancia materna.

Artículo publicado en El Nuevo Diario, Los Cipes Panzones, Abril 23, 2009

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