Jul 01 2007
Enlace, el esfuerzo por escribir el sabor de la palabra hablada
Uno de los propósitos de mi blog siempre ha sido, además de recontar historias escuchadas en Nicaragua o enviadas por mis lectores, tratar de enlazar y dar a conocer sitios webs que rescatan el sabor de nuestro pueblo y valoran la importancia de nuestras tradiciones.
Teniendo en cuenta que los blogueros solemos alcanzar una audiencia que otros sitios webs tradicionales tal vez no logran llegar por la dinámica con que trabajamos, quisiera referir los archivos de la Revista Enlace por su rico contenido cultural y como han escrito sus editores,
por el esfuerzo muy particular de valorar el conocimiento empírico producto del trabajo, del ver, del escuchar, de la vida y darle transcendencia con el respaldo de la ciencia y el lenguaje escrito, sin cambiarle el sabor a la palabra hablada.
Algunas joyas encontradas en sus archivos:
“….La noche siguiente, un poco antes de medianoche el hombre, entre intrigado y curioso, se acercó a la casa de la vecina y óigame bien qué fue lo que vió: La mujer estaba rezando el Padre Nuestro al revés. Dió tres vueltas hacia atrás y dijo: Abajo carne. Abajo carne Abajo carne.
¡Y Toda su carne se cayó al suelo!. ¡Quedó sólo su esqueleto! y de repente, ¡se transformó en mona! Después, salió a hacer su correrías, a robar a sus vecinos, pués. Cuando regresó con lo robado, se fue al mismo lugar, rezó el Padre Nuestro al derecho, dió tres mazancuepas y dijo. Arriba carne Arriba carne Arriba carne y de nuevo se convirtió en mujer, como si nada.
En medio de todo su espanto, el vecino se dio cuenta de que había descubierto a la Mica Bruja. Él le puso mente al asunto Hasta que un buen día fue a hablar con una bruja blanca, buena, pués. Ella le dijo que para castigar a la Mica Bruja, tenía que echar sal sobre su carne, cuando su vecina se volviera mona… (Continúa – Leyendas de montaña, Enlace

“….Yo fuí (Don Emilio Rivera Moreno) la primera persona que sembró tabaco en la isla (de Ometepe) hace más de 50 años. Llegué aquí sin nada, solo con las manos para trabajar. Pase diez años trabajando duro hasta que pude comprarme mis primeras tres manzanas. De ahí, con el tiempo y con mi esfuerzo me hice el mayor empresario de la isla.
Pero la gente empezó a decir que yo tenía pacto, que yo manejaba los brujos que vivían en la laguna. Y a mi me cayó en gracia eso. Les seguí la corriente. Al que me preguntaba si era verdad que yo tenía pacto con Chico Largo, le contestaba que sí, que era cierto, que yo era el intermediario de los brujos de la laguna…
La bola se fué regando y empezaron a buscarme personas que querían vender el cuerpo y el alma por dinero. Yo me tomaba las solicitudes en serio y las iba apuntando en un cuaderno. Hacía como un contrato. Apuntaba su nombre, edad, dónde vivían, su solicitud a los brujos y por cuántos años firmaban el contrato.” (Continúa – El brujo del Charco Verde, Enlace 21)
“…. -¿Es que vos no sabías que aquí, en San Juan, todas las noches de luna llena aparece el fantasma de un pirata?, por eso es que en esas noches nadie sale a la calle. Dicen que hace unos años, el finado Ray Smiths se topó con él y desde entonces quedó enfermo de convulsiones y cada vez que alguien le preguntaba por lo que había visto, pegaba gritos como un loco, señalando con el dedo hacia la laguna y se desmayaba.
Así estuvo como dos años, hasta que murió.
-Y además, -agregó la Dolly Garth- como a la media noche se ve una sombra que se mete en el viejo cementerio de los ingleses y se agacha en cierto lugar que nadie sabe exactamente donde queda porque da miedo acercarse; después, dicen que esa misma sombra sale del cementerio y se va en dirección a la laguna y se mete en un bote.” (Continúa – El fantasma del pirata – Enlace 61)

…”Eran las once de la noche. La acosté dormida en el cuarto, junto a su mamá, y yo me eché en una hamaca en la sala. No sé cuándo dormí, pero al despertar de repente eran las once y veinte. Me levanté, fui al cuarto, levanté el mosquitero… ¡y mi hija no estaba allí!
Corrí hacia una puerta y estaba trancada por la parte de afuera, corrí hacia la otra y lo mismo. Conseguí abrir una ventana, salté por ella y con un foco de tres baterías nuevas comencé a buscarla alrededor de la casa; no había nada. Entonces comencé a pedir auxilio, a gritarle a la comunidad que mi hija se había perdido, y mucha gente se despertó
y comenzó a buscarla.
Yo salí hacia el llano y sentí que se la había llevado el duende. Cuando ya había caminado como 800 metros del pueblo, me arrodillé en el suelo y le pedí al Altísimo que antes que amaneciera me ayudara a encontrar a mi hija. En ese instante algo cambió, mi cuerpo se transformó y sentí que volaba. Lugares que están a tres horas de camino los recorrí en diez minutos. Cuando bajé al suelo venía un grupo de duendes a caballo, se oía el galopar y el cansancio de los animales. Me puse en medio de la pasada y les grité:
-Duendes, yo quiero hablar con ustedes, ¡entrégenme a mi hija! (Continúa – Historias miskitas – El rapto de los duendes, Enlace 88)
Comments Off


