Oct 16 2007
Por pura casualidad me topé con el bueno…
“De pronto, al llegar a un crique, voy viendo al animal tomando agua. En medio de que me sentía turulato pude distinguir que era parecido a una cabra pero con cierto aire de perro. Yo no sé si era una cabra con cara de perro o un perro con cuerpo de cabra… La cosa es que el animal estaba ahí, como esperándome. La cabeza no me daba para pensar mucho y no le puse mente a las preguntas que yo mismo me hacía. ¿de dónde vendrá? ¿será de alguien que anda por aquí? ¿será salvaje o casero?
Por puro instinto agarré el machete y me fui acercando poco a poco. Cuando pasé a la par de él se ajiló para un lado y sus casquitos le sonaron en las piedras de la quebrada cris, cris, cris. Me le hice el chancho, pasé sin volverlo a ver y seguí mi camino. Ya no sabía si el frío que sentía y el sudor que me corría por todo el cuerpo eran por la jodida calentura o por el miedo al animal.
Con disimulo voltié la cara y con el rabo del ojo pude ver que venía detrás de mi. Si me detenía… él también, si me apuraba… él también. Hermanó, yo caminaba por puro milagro. Sería la media noche, cuando el animal pasó a toda carrera junto a mis patas que hasta casi me bota…
….Hasta entonces me pude percatar que era el cadejo, el animal que me había acompañado en la caminata. De suerte que era el cadejo bueno y no el cadejo negro, el malo. Yo no se si ustedes lo saben, pero hay dos clases de cadejo. Si hubiera sido el negro que me sale… no estuviera contando el cuento…” (Continúa)
Historia publicada en la Revista Enlace, proyecto del Centro de Intercambio Cultural y Técnico. Cuentos de Juan Ríos. Foto/El Cadejo, por Carlos Aguirre. Enlace No. 77
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