May 20 2007

La promesa del más allá

Cuando éramos pequeños, muchos de nosotros escuchamos alguna vez la creencia que uno no debía jugar a decir que regresaría después de la muerte, ni en broma, porque esas promesas se tienen que pagar.

Eso precisamente, le sucedió a la abuelita de mi buena amiga Didi, quien me narró la siguiente historia:

“Esto me fue contado por mi abuelita que en su vida le sucedieron cantidad de cosas. En su infancia mi abuelita solía jugar con una vecina que vivía al cruzar la calle de su casa. Un día entre juego y juego, la niña, que no recuerdo su nombre, le preguntó a mi abuelita si ella creía en los espiritus y mi abuelita le dijo que no le hablara de esas cosas porque a ella le daba mucho miedo, pero la muchachita siguió insistiendo, hasta que le dijo … si yo me muero Monchita (así se llama mi abuelita) te voy a salir y me voy a sentar en tu cama.

Al oir eso mi abuelita le suplicó que no lo hiciera y se fue corriendo a contarle a su mamá quien le dijo que no hiciera caso, que solo la estaba molestando. Al cabo de unos días la amiga de mi abue cayó gravemente enferma y murió. Mi abue no fue al velorio porque su mamá le dijo que estaba muy chica para andar en esas cosas y la dejó al cuidado de su abuelita. Cuando ella se acostó sintió de repente que algo se sentaba en su cama. Cuando levantó la cabeza vió a su amiga que la miraba fijamente. Dice que fueron segundos, pero que para ella fueron interminables, y ella recuerda que llamaba a su abuelita, pero que nadie la escuchaba. Empezó a rezar suplicandole a su difunta amiga que la dejara tranquila y de repente desapareció, dejándola a ella con alta fiebre y un susto que jamás pudo olvidar.

Te cuento que mi abuelita siempre nos decía que nunca hagamos ese tipo de promesas, porque el día que uno se muere tiene que cumplirla.”

Por eso amiga, mejor no andar prometiendo nada. No vaya a ser que tengamos una experiencia parecida. Gracias Didi, me imagino que interesante habrá sido escuchar todos estos relatos en tu niñez de boca de tu abuelita!

(Versión tomada directamente de una señora chinandegana y recogida por Martha Isabel Arana)

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