Jan 27 2010

Judas, el ahorcado del peñasco

Published by Isa under Varios

Hace muchos años en el camino viejo que va de La Concha a Masaya venían unos músicos de tocar en la procesión del Santo Entierro, un Viernes Santo; se dirigían en carreta a medianoche y al pasar por un peñasco grande que estaba en el camino divisaron un hombre colgado de un árbol con la vestimenta del tiempo de los romanos y judíos, y les llamó mucho la atención que el hombre forcejaba con su cuerpo, se meneaba y se quejaba colgado del cuello como si se estuviera ahorcando; decidieron ir a salvarlo y cuando subieron al gran peñasco el hombre y el árbol ya no estaban ahí, exclamando todos con miedo ese hombre que vimos colgando era Judas, el que vendió a Jesús.

Fragmento tomado de Anécdotas de Semana Santa en Masaya, escrito por Bayardo Ortiz Pérez, maestro folclorólogo/END

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Jan 25 2010

El venado de la Laguna de Masaya

Dicen los viejitos pescadores que viven en los aledaños a la laguna de Masaya que el Viernes Santo sale, a la orilla de la costa de la laguna, el diablo convertido en un gran venado con grandes cachos y echando fuego por los ojos. Contaba don Juan Galán que cuando andaba en su balsa pescando en la laguna a eso de las dos de la mañana, vio un venado grande con los ojos vidriosos en la costa de la laguna, preparó su arma y le hizo dos disparos, lo vio caer y llegó al lugar donde había caído el animal y no había rastros del mismo.

De nuevo don Galán se adentró en la laguna, al rato de estar ahí vio de nuevo al venado, esta vez más grande, como del tamaño de un buey; preparó nuevamente su rifle y le disparó dos balazos y lo vio caer, pero esta vez se acercó con mucho miedo, rezó y se encomendó a Dios, llegó donde había caído el animal y su sorpresa fue grande pues no había rastro del tal venado. Perdió el conocimiento y unos pescadores lo encontraron en su balsa en medio de la laguna, posteriormente exclamaba don Juan ¡Es el diablo el que me salió!, ¡Es el diablo el que sale ¡ahí!

Fragmento tomado de Anécdotas de Semana Santa en Masaya/ Artículo escrito por Bayardo Ortiz Pérez, profesor folclorólogo/END.

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Jan 20 2010

Recuerdos de mi niñez

Escrito por Luis José Castro Jerez

19  de enero, 2010

Santo Domingo, R.D.

criarme en un campo rodeado solamente de pocas personas y apenas unos cuantos animales domésticos adquirí un vocabulario muy limitado. Para comunicarme con mi mundo infantil casi no necesitaba de las palabras; me bastaba solamente el uso de mis sentidos para ponerme en contacto con el mundo exterior. Aprendí a escuchar al viento cuando roza las copas de los árboles y a descifrar en su sonido la proximidad de la lluvia y la tranquilidad del atardecer.

Me acostumbré al olor de la tierra cuando la humedece la lluvia, al brote verde brillante de la hierba y al agradable olor de la albahaca silvestre, al olor de la leche recién ordeñada, al crepitar angustioso de la leña que arde, al agradable incienso del humo proveniente del estiércol del ganado que se utilizaba para espantar los zancudos, al olor que produce la fricción de las piedras al chocar, al olor y la textura del huevo recién puesto por la gallina.

Aprendí a reconocer los diversos sonidos y olores de la mañana, del mediodía, la tarde, el anochecer y la noche: el canto del gallo por la madrugada, el mugido de las vacas por la mañana al momento del ordeño, la algarabía de los chocoyos y las chachalacas al atardecer, y la sinfonía transilvana de los pocoyos al caer la oscuridad de la noche.

Aprendí muy pronto en mi niñez a diferenciar el sabor de la sal de los toques ácidos del jocote de venado y del chocomico; el sabor dulcete de los papaturros, el tigüilote, el tapaculos y los muñequitos, del dulce sabor a virgen núbil de la roja pitahaya; y a distinguir entre los sabores balsámicos de la cañafístola y el carao, del sabor dulcete y seco del “siempre hediondo a pata de yanke”, pero delicioso y nutritivo guapinol (el SUSTAGEN natural que Papá Dios nos regaló a los chavalos de los montes).

Aprendí de memoria los sonidos de las aves, el olor y la textura de las plantas del bosque, y el olor a novia pura de las florecillas silvestres.

Tocaban el requinto los grillos y las chicharras la batería… Corrían los años cincuenta y era en mi Nicaragua natal…

(Escrito del Sr. Luis José Castro Jerez recopilado por Martha Isabel Arana/ 19 de enero, 2010)

Foto “El histórico Genizaro de Nagarote” tomada del blog nicaragüenses del Sr. Erwin J. Jiménez Morales.

Para leer más historias de nuestra gente, visite el blog Nicaragua de mis recuerdos: recopilaciones de memorias y vivencias


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Jan 08 2010

Historia de Pancho Madrigal

Published by Isa under Varios

Video tomado de Youtube/Historia de Pancho Madrigal

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Jan 06 2010

La leyenda miskita de Cotón Azul

“En cierto pueblo miskito ya olvidado, vivía un joven muy apuesto al que todos llamaban Cotón Azul, porque sólo usaba cotonas de ese color. Este joven aparte de amar las cotonas azules, amaba la poesía y la música también.

Un día, mientras paseaba en la montaña, observó una bella guitarra colgando de la rama alta de un ceibo precioso. Lo primero que se le ocurrió fue ir y descolgar la guitarra, pero tuvo miedo que esa guitarra perteneciera a algún espíritu malo y mejor salió corriendo.

Al día siguiente volvió a pasar por ese mismo lugar para ver si la guitarra todavía estaba allí y en efecto así fue, esta vez también decidió huir. Pero el sitio y la guitarra tenían una atracción increíble y algo lo llevó a ir por tercera vez al lugar y como la tercera es la vencida, tomó la guitarra y comenzó a ejecutarla.

Lo hacía tan bien que parecía que esa guitarra le hubiese pertenecido siempre. Pronto su fama corrió por todo el pueblo. Durante ese tiempo el rey Albriska estaba muy triste: su hija había sido raptada por Ligua (un tritón). El rey lloraba mucho por ella, pues era su única hija. Pronto el hombre más sabio del pueblo llegó a ver al rey y le dijo que un joven apuesto, humilde, poeta y músico llamado Cotón Azul, podría salvar a su hija.

Inmediatamente mandó a llamarlo y Cotón Azul se presentó ante el rey. El rey le ordenó buscar a la princesa y que luego podría pedir la recompensa que quisiera. Cotón Azul mandó a pedir que le prestaran una barca para buscar a la princesa Laika en el río, los súbditos del rey iban con él y la buscaban por todos lados. Cuando estaba cerca el fin del río, Cotón Azul comenzó a tocar su guitarra y lentamente del río surgió Ligua con al princesa en sus brazos.

Cotón Azul no dejó de tocar su guitarra y los siervos se dispusieron a quitar a la princesa de los brazos de Ligua sin hacer mucho ruido, pues al parecer la música de la guitarra hacía que Ligua se quedara dormido.

Laika, la princesa, regresó al palacio y el rey recordó que debía cumplir la promesa que le hizo a Cotón Azul…el joven pidió casarse con la princesa y el rey, como buen miskito que era, cumplió. Cotón Azul fue el sucesor del rey, fue excelente con su pueblo. Con su humildad y espíritu de trabajo hizo la felicidad de su reinado.”

Escrito por Inditas bonitas, de Lo que corre por mis venas

Otra versión de esta leyenda: Tradición oral en Nicaragua

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